jueves, 8 de agosto de 2013

CRÓNICAS DESDE LA RESISTENCIA : REAL NEW YORK. MANHATTAN (I)

Yo ya había estado en Nueva York muchas veces, incluso podía decir que de alguna forma era un segundo hogar. Andaba por sus calles de la mano de Spike Lee, de Scorsese, de Travis, de Fitzgerald , de Gatsby, de Allan Poe, de Warhol, del Rat Pack, de los Ramones, de Cro-Mags, de Agnostic Front, de la DMS, de The Horrorist, de los Knicks, de los Giants... Infinidad de veces había subido al Empire State, al Chrysler o al Rockfeller Center, crucé el Puente de Brookyln, monté en la noria de Coney Island y volví por Queens hasta la 160th en el South Bronx. Es así. Nueva York forma parte de nuestras vidas y muchos ni habíamos puesto un pie en la ciudad. Mi deuda con ella ha quedado saldada.



En un viaje reiteradamente postergado, un viejo amigo, emigrado a New Jersey como buen gallego, consiguió los días libres para ser un anfitrión decente a mediados de julio. Dejé todo a medio hacer en Barcelona, proyectos personales y profesionales que tenían que esperar si no eran egoístas. Y aunque seguro que lo eran, había dicho que "no podía ser" muchas veces y ya temía la máxima del Sr. Fitgerald: "american lives don´t have second chances".


El 19 de julio aterricé en JFK después de un viaje infernal con American Airlines, compañía  desaconsejada para vuelos transoceánicos y que está muy lejos de ser premium en el Holdem aéreo. El enfrentamiento con todo el despliegue policial de ingreso en los States resultó de lo más decepcionante. Ninguna pregunta incisiva, un trato correctísimo, ausencia total de registro... en definitiva, un control tan displicente o riguroso como en cualquier otro sitio. No quedó nada de su leyenda negra.
A la salida de la T8 fui bienvenido por 40 grados celsius y un tipo escuálido, que hacia años que no veía, subido en un Jetta. Mi alfombra roja era el pavimento humeante.


Pasé las primeras noches en el barrio de Chelsea, en Manhattan. Bien situado y sin especiales pretensiones, me sirvió de referencia para ver el Nueva York más conocido y, tal vez, repudiado. Recorrí todo el skyline que lleva impertérrito -salvo célebres excepciones- desde casi hace un siglo, Empire State, Rockfeller Center, Flatiron... ofrecen la perfecta dimensión de lo que allí acaeció en los albores del siglo XX, y al respecto tengo que explicar algunas de las sensaciones que me traje de vuelta en la maleta: la ciudad, a ritmo de pulsiones migratorias, se convirtió en la capital del mundo y acogió a poblaciones de todo el globo con base en promesas de prosperidad menguantes en la Vieja Europa. Lo que sucedió en aquellos años ha llegado a través de muchas formas y vínculos a nuestros días, pero es absolutamente necesario pasear por las calles de Manhattan y atender a cada rincón para entender nuestro más inmediato referente histórico y cultural. Porque la realidad es esa. Nuestra -insisto en la primera persona del posesivo-  influencia vital viene inexorablemente marcada por una creciente americanización del planeta tras dos guerras mundiales de las que salieron, podemos decir, casi impolutos. Y a su vez, tal tendencia tiene su antecedente en la forja de esta ciudad, la que nos recuerda que un 36% de sus habitantes son de estados-naciones extranjeros y la que conforma un crisol de culturas aparentemente orgulloso tras el gentilicio de "new yorkers". 

Optando por una posición aséptica, resulta fácil identificarse con este trozo de Estados Unidos: población heterogénea, ciudad que nunca duerme, cuna del jazz, del hip hop, del punk, del hardcore, del expresionismo abstracto y un larguísimo etcétera, conjugado con nuevos valores enfrentados con el sector republicano del país como el matrimonio para los homosexuales, control exhaustivo de la posesión de las armas. Es que hasta la investidura del tal Obama en Times Square nos causo una cierta expectación naif. Sin embargo, rascas y sale la mugre. Su presidente sigue siendo un títere que no ha logrado cerrar la mayor vergüenza de la historia de Occidente tras la la locura nazi, Guantánamo claro, y Nueva York no escapa a los clichés yanquis que tanta esquizofrenia y prejuicio provocan. En una sociedad exponencialmente competitiva y con una nimia inversión social, tildada de siempre como comunista y antiamericana, puedes captar rápidamente la polarización de sus ciudadanos. Todos bajo las barras y estrellas. Su capital también padece de la falta de cobertura médica, de Monsanto, de la cultura del "attorney", del "high school" y de un Dios cuya relativización identitaria ha facilitado una especie de secularismo religioso que atiende a razones divinas para mesurar las miserias humanas. De ahí que sean una sociedad tan profundamente desmesurada. Si en los soportales del Madison Square se amontonan “homeless” bajo harapos, mientras en su interior Carmelo Anthony machaca un aro a razón de 25 millones de euros anuales, tenemos que seguir sintiendo vergüenza. Y ese mal endémico ya hace mucho que ha sido extrapolado a nuestro ámbito doméstico. Nadie puede señalar con el dedo.

De todo este ex curso relatado lo más representativo es Times Square. El estandarte de lo que Reagan llamaba equivocadamente "Evil Empire". Más que de una plaza, se trata de una confluencia de calles y avenidas en una vorágine de neones y estrés consumista, alternándose los establecimientos comerciales con los musicales adyacentes de Broadway, probablemente en la misma consonancia mercantil. Entre el jet lag, la citada ola de calor y las mareas humanas que se capilarizaban por todas partes, solo anhelaba salir de allí.


Y qué mejor lugar de recogimiento que los pies del Empire State. Brutal, aunque me siga quedando de largo con el art decó del Chrysler.


Las jornadas venideras transcurrieron en el eje del Lower Manhattan y sus contrastes. De Chinatown a Little Italy en un paso, o más bien, a la calle que queda de ella, y de allí al Soho, barrio pujante de la escena neoyorkina que no acabó de transmitirme buenas sensaciones. En contraposición, Greenwich Village parecía ser un Soho desprovisto de snobismo. En todo caso, mi ponderación es absolutamente neófita y desde la posición del mero transeúnte que echa un vistazo en los escaparates. Mira pero no compra.


Harlem, en cambio, me suponía adentrarme en esa Nueva York tantas veces idealizada. Con sus correspondientes connotaciones objetivas y subjetivas. Y las de el barrio del jazz vienen marcadas de nuevo por el cine. La realidad es que el área atraviesa por un proceso de gentrificación que ha establecido el acento latino en las partes situadas más al suroeste. El, ahora llamado, "Spanish Harlem" es un amalgama de pequeños bulevares con bares, terrazas y un ambiente sin aspiraciones. Al otro lado, cuanto más te acercas a la 148th, todavía puedes adverar el ingente porcentaje de población afroamericana. Personalmente, cogí la línea 1 desde la 28th hasta llegar a Harlem Street y de ahí fui bajando hasta la 110th. 

Era inevitable ir mirando a todos lados cuando cruzabas los semáforos rodeado de gente negra, en bicicleta, con bandanas o cualquiera de los estereotipos estúpidos que haya sido capaz de imbuirte Hollywood. Porque no tuve el más mínimo problema mientras dejaba atrás lugares tan emblemáticos como el Teatro Apollo a través de la Malcom X Street. Donde no hace tanto se tocaba jazz exclusivamente para blancos. Afortunadamente, ahora podía ser yo el invitado puntual en espectáculos para negros.












Próximamente, Distrito Financiero y Brooklyn.

JM

domingo, 9 de junio de 2013

CRÓNICAS DESDE LA RESISTENCIA: BERLIN CALLING

Aguantar un blog es como aguantar tantas otras cosas en la vida. Lleva implícito esa primera acepción semántica de la RAE de "sostener", de "no dejar caer", tanto como la tercera sobre "resistir", "soportar"; sinergia de significados que deberían converger en su definición más negativa,"tolerar algo a disgusto". Sin embargo y curiosamente, lo que se aguanta en tal sentido por mi parte, es dedicar mi tiempo y mis teclas a fines de otro tipo, encorsetados en esa dinámica profesional que te habían prometido como sino vital y que inexorablemente es asumida por la generalidad como Imperativo Categórico.  "Fuck you, not us" decía Keith Morris en "American Hardcore". Y esa sigue siendo mi modesta aspiración cotidiana, hoy traducida en unas pequeñas líneas en este olvidado blog... porque los actos subversivos tendrán que esperar tiempos mejores.

Estaba muy pendiente una crónica de mi viaje a Berlín. Tan pendiente, como lejana en el tiempo para hacer un croquis fidedigno de mis días en la capital alemana por aquel octubre de 2012; así que redactaré desde el recuerdo, desde las sensaciones, e impregnado por esa neblina constante que nos despertaba cada fría mañana en el Grosser Kursfüst. 

Nuestra llegada fue casi pasada la media noche, y de esa manera cumplimos una de mis fobias favoritas en cualquier viaje. No nos salimos del guión establecido, salida a AlexanderPlatz, uno de los símbolos regios -si se me permite la ironía conceptual- del Berlín Comunista. Tan soviético como esperaba, grandes espacios abiertos salpicados por imbricaciones geométricas de hormigón circunvalando la llamada TV Tower. Primer currywurst y al hotel. Mi fobia, citada anafóricamente, concluyó en la mala noche de rigor...



...Y en una buena mañana! Donde recuerdo que nos lanzamos a por el alquiler de dos bicicletas, víctimas de ese trending provinciano que te lleva a pedalear cada vez que llegas a una gran capital europea. A pesar de todo, tanto Berlín, como Londres, como Amsterdam son perfectos para tal medio de transporte. Por ello y gracias a las grandes avenidas de nulo desnivel, ingente carril-bici y respeto exquisito de los vehículos motorizados, llegamos rápidamente a Postdamer Platz. Allí nos reuníamos con una persona que conocía perfectamente la historia del Berlín Este, anhelo principal de mi viaje y puedo decir que no defraudó. 

Esbozar aquí el génesis de la segregación de la ciudad se antoja excesivo. Valga a efectos introductorios, que como consecuencia de la toma conjunta de Berlín en la II Guerra Mundial por parte de los aliados y los comunistas -curiosamente se les suele excluir de la Alianza cuando fueron condición sine qua non para la caída de Hitler-, se realizaron unas divisiones soberanistas que con el paso del tiempo fueron un insoslayable reflejo de dos mundos, dos bloques, y con un Muro en medio. El Berliner Mauer, denominado oficialmente «Muro de Protección Antifascista» por la RDA, o también «Muro de la vergüenza» por parte de la opinión pública occidental, a gusto del consumidor vaya. Fue parte de las fronteras interalemanas desde el 1961 hasta 1989, donde su demolición significó el fin de la Guerra Fría y tantas otras cosas más.





El Muro de Berlín se vino abajo de forma definitiva en la noche del jueves 9 de noviembre de 1989,  28 años después de su construcción. La apertura del muro, conocida en Alemania con el nombre de die Wende (El Cambio), fue consecuencia de las exigencias de libertad de circulación en la ex-RDA y las evasiones constantes de su población. El líder de la RDA, Erick Honecker, renunció  al cargo en octubre de 1989 y, sin su figura, el régimen no pudo seguir refrendándose como alternativa en la incipiente Unión Europea.







Berlín Este nada tiene que ver con nuestras habituales connotaciones sobre Alemania y su cultura. Con Mitte a la cabeza, es una suma de bloques de viviendas de herencia racionalista y funcional, a través de la corriente creada por la Bauhaus. La construcción modular se puede adivinar incluso en los ojos de un lego en la materia como yo, y da lugar a hermosos patios donde se han implementado todo tipo de talleres, pequeños comercios artesanos y una vida social digna de conservar en una gran urbe. En nuestra ruta también nos encontramos con los vestigios de Tageles, la emblemática casa okupa que todavía se erige como un símbolo; recordándonos que en aquellas latitudes se encontró el germen del movimiento Okupa, agrupando una gran variedad de ideologías que justifican sus acciones como un gesto de protesta política y social contra la especulación que continuamente lastra el acceso a una vivienda digna.

Tampoco podía dejar de mencionar el impacto que nos causó la Karl Marx Allee, tanto por concepto como por infraestructura. Liberada ya de su nomenclatura estalinista, su desarrollo hace honor a la ideología y no al genocida. Los llamados "Palacios para el pueblo" se extienden orgullosos a través de casi dos kilómetros de largo, conformando una especie de boulevard comunista, el cual, si bien pudo ser edificado en aras a un enésimo ejercicio de propaganda gubernamental, cristaliza ese viejo sueño "naif" de que, con un reparto equitativo de los medios productivos, todas las personas podrían disponer de una vivienda que ahora parece exclusiva de las posiciones preeminentes en la superestructura económica. Recorrer todo el fausto que exhibía aquella gran avenida con sus vertiginosos edificios, asumiendo que allí habitó la clase proletaria, me demostró que las construcciones físicas suponen un esfuerzo pírrico al lado de las construcciones sociales. 


Además en uno de sus patios interiores pude descubrir un viejo Trabant, el coche al que accedían los habitantes del Este tras una lista de espera de 10 años.


Pasaron los días y cambiamos de mundo.



Berlín Oeste estuvo durante su vigencia en manos de los tres aliados occidentales, y en consecuencia sólo los aviones de Estados Unidos, Reino Unido y Francia surtían de capitalismo a aquella isla sin mar en medio de la RDA. Las continuas subvenciones y el inveterado apoyo por parte de las potencias occidentales convirtieron el "Ich bin ein berliner" de Kennedy en un dogma irredento ante la amenaza soviética. En la actualidad, alberga la infraestructura gubernamental de Alemania, y por ende, la nuestra; con un Bundestag digno de ver a nivel arquitectónico, pero inánime después de nuestra "experiencia socialista". Su paisajística es tan opulenta como olvidable. Y como bien decía, escribo estas líneas a golpe de recuerdos.




No obstante, la historia de Berlín no se ciñe a una dialéctica entre sistemas económicos, ni a una segregación poblacional por decisiones soberanistas encontradas. El antecedente de todo ello es el Horror, estábamos sobre el tablero de ajedrez donde concluyó una guerra que se llevó 50 millones de almas. Una guerra que se libró por las tendencias psicopáticas de un genocida y con la inexplicable aquiescencia de una población coetánea a la República de Weimar, adalid de la justicia social. Tamaña sinrazón hace que la ciudad, y en especial esta parte Oeste, sea un recuerdo permanente de la barbarie, y disponga con una mezcla de repulsa y vergüenza de todo tipo de "tótems" para que el visitante genere su más absoluta consternación casi 70 años después.



Ojalá tuviese más tiempo pero he de terminar mi relato, de la misma forma que se terminan mis escasas horas libres de domingo.

En definitiva, Berlín es un lugar poliédrico, con una historia apasionante y terrible, y con un presente joven, reivindicativo y acogedor.  Si en 1979 hubo un London Calling, yo en 2012 descubrí el Berlin Calling. Una llamada agridulce, un suspiro en aquella neblina emanada por los efluvios del Spree, una caricia de una mano siempre fria y un abrazo fulgurante en todas sus acepciones, que brilla, te quema intensamente...y se va. "De esta manera seguimos avanzando con laboriosidad, barcos contra la corriente, en regresión sin pausa hacia el pasado." 








viernes, 12 de octubre de 2012

SIN ESPERANZA PARA EL CÓDIGO PENAL.

Me gustaría abordar la reforma del Código Penal, anunciada hoy por Ruiz Gallardón, una vez que haya pasado por el filtro parlamentario y se vea definitivamente rubricada en el BOE, pero la pretensión divulgativa del blog pasa por hacerse eco de este tipo de noticias y la necesaria e inmediata "deconstrucción" del penalista, científico jurídico por excelencia e irredento dogmático por necesidad.

No hay esperanza con el poder legislativo, pero tampoco la había antes; la racionalidad penal ha de mirar exclusivamente a los jueces y tratar de instruirlos para la tormenta que se avecina. El endurecimiento del Código Penal, heredero la de defensa social burguesa, ha dado su enésima vuelta de tuerca hacia la perpetuación de las desigualdades estructurales y en post del rédito electoral perdido por la -permítaseme la cita- "convenida decadencia de la clase política".

En primer lugar, y por cuestiones de espacio obvias, de la batería de reformas presentadas únicamente quiero incidir en la prisión permanente revisable y la supresión de los procedimientos de faltas, esta última ampliamente rogada desde los sectores jurídicos, pero no,desde luego, para transformarla en una nueva categoría de delitos leves. Porque respecto a lo demás, ya no sorprende que el llamado "legislador a golpe de telediario" haya previsto tipificaciones como la divulgación de imagenes íntimas justo después del "caso Olvido Hormigos", o una categorización expresa para la detención ilegal -secuestro- sin dar razón de paradero tras el execrable devenir de la investigación "Marta del Castillo". Por supuesto, todo ello tenia una resolución actual en la jurisprudencia que, sin embargo, no se traducía en la aquiescencia populista por el desconocimiento general y la continua desinformación expuesta sobre estos acontecimientos en los medios.

Como decía, y en una fase de la reforma que podríamos calificar como "embrionaria" , tan solo quiero hacer un par de apuntes sobre las propuestas subrayadas al inicio del párrafo anterior. En primer lugar, la prisión permanente revisable, ese gran eufemismo enarbolado por Gallardón es palmariamente anticonstitucional. La Abogacía Española y su Subcomisión de Derecho Penitenciario se ha manifestado reiteradamente en contra de cualquier pena a la que no se le fije un límite de cumplimiento, ya que es contraria a los artículos 10, 15 y 25 de la mentada Carta Magna, en un contexto donde nos reiteran todos los días el "totem" del marco constitucional -recordemos que sólo se puede modificar con alevosía para articular la reducción del deficit-. La inocuización del preso adquiere una nueva dimensión, ni tan siquiera se disimula con la teórica reinserción presente en el 25.2 CE, y revela al fin la aplicación exponencial del "Derecho Penal del Enemigo"; especialmente respecto a los denominados como terroristas, sobre los que todos conocemos que una vez detenidos pierden su capacidad de delinquir de por vida. 

El otro vértice del planteamiento reformista que ha llamado mi atención -entendamos aquí que me ha soliviantado por encima de la media- es la inclusión del delito leve de hurto para las sustracciones por debajo de los 1.000 euros; ésto, hablando en lego, va a significar que los nuevos condenados por tales hechos irán a la cárcel. No voy a entrar en la casuística de que los profesionales del carterismo serán por fin inocuizados, porque aparte de faláz, lo único que subyace en la medida es, una vez más, el castigo y segregación de la pobreza. Mientras tanto, pensemos en la inacción ante las reiteradas conductas de corrupción, evasión de capitales al extranjero de las grandes fortunas, rescate público de la deuda privada de los bancos y como no, la gran medida gubernamental de la "Amnistia Fiscal"; es decir, mientras al contribuyente medio se le repercute un incremento continuo de tipos impositivos directos y sobre todo indirectos, al gran defraudador se le permite retornar al cauce lícito su dinero a través de un gravámen irrisorio. 
Hablariamos de lo que me atrevería a denominar como el "clasismo estructural punitivo", en paralelismo con el tradicional concepto económico; ya no sólo es que las clases populares abonen al banco los intereses que generan las ingentes fortunas inmovilizadas a través de cualquier crédito o financiación que nos veamos obligados a pedir, sino que se indulta al gran defraudador fiscal mientras los pequeños hurtos -el equivalente a minúsculas defraudaciones- supondrán el encarcelamiento...y 80 euros al día por preso.


Y lo peor de todo es que podemos estar contentos por lo que ha quedado fuera, las convocatorias mediante redes sociales y demás han supuesto un reto demasiado atrevido para el gobierno, en momentos donde la protesta en las calles funciona como necesaria válvula de escape, y porque no, como primera piedra para sedimentar una nueva esperanza; también en el Derecho Penal.






viernes, 21 de septiembre de 2012

¿LA REVOLUCIÓN CRIMINOLÓGICA?



El miércoles 19 de septiembre asistí a lo que se me presentó como un "hito" en la historia de la criminología. La presentación del libro de Wayne Morrison "Criminología, civilización y nuevo orden" en el Estado Español fue merecedora del tal consideración por Eugenio Raúl Zaffaroni, excelso jurista argentino. Sucintamente, la obra disecciona el interrogante de porqué los grandes crímenes de masas cometidos por los estados han quedado fuera del estudio de esta ciencia jurídica; o más bien llama la atención sobre ello, abriendo un nuevo campo de estudio a través de una palmaria "ruptura epistemológica". El escalofriante dato de que 190 millones de personas han perecido como consecuencia de acciones de esta tipología revela la importancia del enfoque descrito. 

La criminología es una ciencia interdisciplinaria sedimentada en conocimientos propios de la sociología, psicología y antropología social, tomando para ello el marco conceptual que delimita el Derecho Penal. Pretende abarcar la etiología de las causas del crimen y preconiza los remedios del comportamiento antisocial del hombre, pero la realidad es que se veía anclada reiteradamente a la ponderación de comportamientos individuales o de las llamadas "subculturas".
En la línea de la denominada "criminología cautelar" del propio Zaffaroni, una ciencia que se dedique a contener al poder punitivo del estado -siempre fuera del concepto "bélico"-, alertando de sus causas y soluciones, parecería irrogar de una renovada legitimidad a las ramas criminológicas; y lo que es más importante, incardinarse dentro de una labor desconocida hasta ahora. 

Sin embargo, considero que se puede ir más allá. El estudio de mecanismos lesivos para los seres humanos propiciados por la “violencia estructural” (véase el artículo “Violencia” en este mismo blog) y otros agentes difusos como los de tipo "financiero", se torna una consecuencia inexorable del pretendido cambio de miras criminal. Por difundir algunas de las cifras dadas por el Dr. Iñaki Rivera en la meritada presentación de la obra ¿Quien se hace cargo de los 25.000 muertos en el mediterráneo que intentaban llegar de forma "no regulada" a Europa? ¿Qué sucede con las 5.000 familias desahuciadas al mes? Son fenómenos que una disciplina dedicada al estudio de los crímenes de estado no puede dejar pasar por alto, sobre todo viviendo en un contexto en el que una valoración mercantil, artificiosa e interesada, de cualquier agencia de calificación económica va a causar mucho más dolor que cualquier acción psicopática a título individual.
Visualizar y profundizar en los procesos causantes de esos "daños" aceptados, que no aceptables, es el necesario antecedente para un Derecho basado en los seres humanos, y no en la protección de intereses económicos de marcado semblante oligárquico. En ese contexto y con ese objetivo, seguramente no se faltaba a la verdad cuando se decía que asistí a un “hito” en la historia del pensamiento criminológico, pero prefiero anhelar un “hito” desprovisto de asepsia y que pueda influenciar de forma radical la ordenación legislativa de nuestras vidas.

Por ambición que no sea.

jueves, 16 de agosto de 2012

TÉCNICAS DE INTERROGATORIO EN JUICIO

Éste es un artículo dirigido especialmente al uso forense, creo que casi el único que he escrito de ese tipo, pero no dudo que puede resultar interesante a todos aquellos "legos" con los que habitualmente departo sobre la temática. La forma de interrogar en un juicio es un tema jugoso y del que se ha hablado muy poco en la doctrina continental, todavía reacia a adoptar la pericia anglosajona del cross examination. Yo voy a comentar un poco de mis directrices personales, y siempre ilustrado por la terminologia de las escasas lecturas -insisto, casi no hay disponibilidad- que hice al empezar mi ejercicio en la abogacía. Todo ello de forma muy sucinta por las clásicas cuestiones de espacio, y recalcando que se trata de unas preferencias estrictamente particulares del que suscribe.

El único antecedente que hemos de tener claro es que la preparación y conocimiento sobre el fondo del asunto, de las personas que nos disponemos a inquirir y de sus eventuales motivaciones, constituye una mejor baza que cualquier habilidad dialéctica del letrado; y va a marcar inexorablemente nuestro hipotético éxito profesional. 
Vamos a situar la escena en el interrogatorio de un testigo "no de parte", es decir, aquel que no ha sido presentado ni "preparado" por nosotros. En esa tesitura, ya hay que hacer una pequeña clasificación dependiendo de si es: un testigo veraz (en el sentido que profesa "su" verdad de los hechos de forma correcta), un testigo involuntariamente inveraz, o un testigo deliberada y conscientemente falso. El primero de ellos exige la mayor cautela, el segundo precisa de nuestras mayores habilidades y el tercero requiere de una exponencial agresividad.

Por norma general, yo adopto 3 estrategias dependiendo de su exposición:
   -Restar importancia a su testimonio: no atacamos su relato fáctico, no contraponemos elementos que desvirtúen su declaración...simplemente nos limitamos a infravalorar el nivel probatorio de lo expuesto. No es lo suficientemente importante para destruir la presunción de inocencia
  -Atacar frontalmente su relato de hechos: en este caso, y habiendo surgido los elementos incriminatorios en la diligencia testimonial, mi labor se concentra en inducir situaciones de duda al ente ponderador. No hay que discutir su capacidad de imputación, si no que tales circunstancias sean ciertas y ello por las percepciones erradas involutariamente del declarante; y siempre en atención a las características físicas de la razón de su conocimiento.
   -Desacreditar la credibilidad del testigo: en tal escenario, me toca abordar la veracidad subjetiva del individuo que esta deponiendo en sede oral; el contenido de su exposición es incriminatorio pero es manifiesta y dolosamente falso. Hemos de buscar su móvil espurio y revelarlo en juicio. Miente y lo hace por un determinado motivo.

Para adoptar estas funcionalidades, nuestras preguntas pueden revestir otras 3 formas: preguntas conductoras,preguntas sugestivas y preguntas capciosas.
 Voy a ilustrar con un ejemplo cada una
  -Las preguntas conductoras (leading questions): en realidad, estamos ante afirmaciones de carácter interrogativo, la respuesta se halla presente en la pregunta y su contestación casi siempre se podrá reducir a un sí o no.
Ejemplo ¿ Los agresores le golpearon en la espalda con algún objeto contundente? ¿Es exacto, por lo tanto, decir que en ningún momento usted pudo ver quien le agredía? Aquí tenemos una clásica leading question, se le infiere al testigo la respuesta mediante la pregunta, el resultado del interrogatorio está lo más controlado posible por el letrado. En realidad, soy yo el que construye la información.

 -Las preguntas sugestivas: serian una tipología muy próxima a las de tipo conductor, pero que debido a las circunstancias - muchas veces nuestra propia falta de información- no podemos concretar tanto para reducir a una aserción meramente negativa o positiva.
 Ejemplo. ¿Usted en que momento fue agredido por la espalda? ¿Cuando pudo girarse y ver la huida de los agresores?. Estas dos preguntas revelan y tienen por meritada una determinada información, la primera implica que el testigo fue agredido por la espalda, mientras la segunda viene señalando que tampoco pudo ver la identidad del atacante en el momento del golpe. Ambas son indubitadamente sugestivas y avanzan la réplica. En caso contrario, otro abogado podría decir ¿Como fue usted agredido? ¿Pudo comprobar la identidad de sus agresores? Así estamos dejando fuera de nuestro control la eventual contestación, y violando la que para mi es la regla de oro, "nunca hagas la pregunta clave si no sabes la respuesta".

- Las preguntas capciosas: se desarrolla la técnica interrogativa de sugestión pero con un elemento incierto, falso, creado artificiosamente por el letrado. No están permitidas en nuestro ordenamiento y son una clara violación del correcto comportamiento deontológico.
Ejemplos posibles en relación con las anteriores ¿Usted cayó al suelo cuando fue agredido por la espalda con una piedra? ¿Usted pudo ver a quien le golpeó por la espalda confundiéndole con la persona que acaba de robarle?.  El testigo no sabe si le agredieron con una piedra (hemos hablado antes de un objeto contundente), tampoco conocería si fue atacado por equivocación en un acto de legitima defensa. El letrado crea -maquiavélicamente- un escenario que pueda ser favorable a sus pretensiones y que pueda corroborarse mediante la prueba testifical.

Tenemos claras las diferentes estrategias a adoptar en la valoración de las declaraciones , hemos clasificado los tipos de testigos existentes y su consecuente interacción, y por último se ha visto que tipo de preguntas pueden ayudarnos en nuestros interrogatorios. Evidentemente, todo constreñido en unas pocas lineas, pero volveré a desarrollar algunas de estas cuestiones con mayor profundidad en venideros artículos. Tener el despacho abierto en agosto me permitirá eso y mucho más.


martes, 24 de julio de 2012

VIOLENCIA


Escribo estas líneas en el contexto de una situación económica, y por ende social, inédita en mis 30 años de vida. El Estado Español se ve sumido en una crisis absoluta y global sedimentada en una beligerancia eufemística con la Unión Europea –la dialéctica entre la artificiosa desconfianza y los ajustes impuestos tiene claros signos sugestivos belicosos-; ambiciosa circunscripción política donde nos introdujeron los anhelos de progreso y reformismo, en lo que al final ha sido más una construcción sociológica que una realidad palpable.

Ante este actual atentado a nuestra dignidad como personas y en contra de los resortes que perpetúan la situación de desigualdad selvática, en este caso traducidos en un rescate financiero a los -permítaseme la cita- “gangsters y gorileros” causantes de la actual barbarie, hemos de reconocer que las calles han estado más agitadas de lo usual por estos lares. La oligarquía dominante se ha encontrado con la incipiente réplica de una sociedad que hasta hace escasos meses los aupó a una mayoría absoluta, en esa dinámica tautológica bipartidista que ha sido impuesta y aceptada por las masas. Sin embargo, así como la crisis está desarrollando una evolución, debe hacerlo la respuesta cívica.
Hace escasas fechas contemplaba con asombro como el pueblo de Madrid jaleaba y se solidarizaba con unos individuos que habían alcanzado la notoriedad mediática en sus exigencias a través del corte de carreteras, lanzacohetes caseros y petardazos por doquier, siempre escondidos bajo el preceptivo pasamontañas. LOS LLAMAN MINEROS. La aquiescencia y beneplácito colectivos generados a través de unas demandas legítimas, pero que se constriñen al panorama socioeconómico que nos ha llevado a este punto sin retorno, contrastan con la habitual repulsa mediática y ciudadana de otras “violencias” más radicales -en su acepción de “abordar el problema de raíz”- que han refrendado posiciones altruistas contra el enfermo sistema establecido.

 Pero ¿qué es violencia? A nuestros efectos, el vocablo es definido en la RAE como “acción de utilizar la fuerza o la intimidación para conseguir algo”, con lo que ya genéricamente vemos que está desprovisto de connotaciones dependientes del sujeto activo.
Por supuesto todo es mucho más complejo, el Triángulo de la Violencia fue un aspecto que tuve la suerte de estudiar hace un par de años y del cual queria escribir hace tiempo, una construcción teórica elaborada por Johan Galtung para abarcar el fenómeno de la “cualidad violenta” a través de sus distintas expresiones y en el que interviene exponencialmente la mera lógica, como ocurre en gran cantidad de teorías elaboradas por sociólogos. Sucintamente, nos encontraríamos ante tres tipos de violencia: directa, cultural y estructural.
Las dos primeras tipologías no requieren de excesivo esfuerzo sintético, la directa se corresponde con la acción humana y visible de inflingir un daño, y la cultural es la reproducida a través de los símbolos clásicos del ámbito (arte, medios de comunicación, ciencia, educación, etc). En cambio, la violencia estructural es el mal endémico y silencioso de nuestra era.

El término violencia estructural es aplicable sobre aquellas situaciones en las que se produce un daño en la satisfacción de las necesidades humanas básicas (supervivencia, bienestar, identidad o libertad) como resultado de los procesos de estratificación social, por tanto, no hay la necesidad de violencia directa, ni tan siquiera a veces de la cultural que frecuentemente se encuentra a su servicio. En conclusión, sufrimos violencia todos los días, desde que suena nuestro despertador hasta que nos acostamos 14 horas más tarde, tras pasar la mayor parte de nuestra vida esclavizados en un trabajo por un salario que nos permita “vivir para seguir trabajando”, fin de toda retribución proletaria; o en el caso de ya el 25% de los ciudadanos, buscando poder entrar en esa rueda perversa para lograr subsistir. Es un proceso indirecto, invisible y costoso de identificar, especialmente por la"gran mentira" de la “gran verdad” institucionalizada. Y creerme, conceptualmente sigue existiendo la "legítima defensa" contra todo acto violento.

A pesar de ello, desde aquí y sin poder extenderme más por cuestiones de espacio, quiero hacer una reflexión para la esperanza, los conflictos, entendidos erróneamente como algo negativo, son connaturales a las relaciones humanas y muy positivos en tanto que deben implicar un cambio; cuanta mayor dimensión cobre  el problema, mayor transformación asumiremos resolviéndolo.
Se han cambiado muchas veces los actores, tal vez ha llegado el momento de tener un guión nuevo. En el año 2012, con un planeta que dispone de recursos suficientes para los 7.000 millones de personas que lo habitamos, las naciones “desarrolladas” hemos llegado a la crisis…sólo erradicando la violencia estructural evitaremos la miseria económica, y sobre todo moral. 

                                                                                             José Manuel del Río

martes, 26 de junio de 2012

DELITO Y CONTROL SOCIAL.


Con este título he estado realizando en los últimos meses una charla en diferentes "Casales" de la ciudad de Barcelona. Su denominador común ha sido la buena acogida lastrada por una difusión dispar. 
Aspiraba a poner de relieve algunos aspectos de la legislación penal como herramienta de control social, pero exhibiendo esta obviedad con una exponencial carga sociológica. Mi idea era desarrollar la explicación para "legos" y dicha máxima seguirá presidiendo este artículo. Vamos.

En cualquier manual de Derecho se os dirá que el delito es una "acción u omisión, típica, culpable y antijurídica", pero un delito es mucho más que eso, es la mayor muestra de "construcción social" contemporánea. Dentro del pensamiento del construccionismo, dicha expresión es un concepto o una práctica que pueden aparecer naturales y obvios a los que la acepten, pero en realidad es una invención o artefacto de una cultura o de una sociedad particular. Traslademos la abstracción a nuestro campo jurídico-penal; el delito de adulterio estaba vigente en el Estado Español hasta 1978, antes de esa fecha "engañar" a tu pareja podía llevarte a la cárcel, especialmente si eras mujer, ya que el hombre tenia cierta dispensa legal como consecuencia del machismo imperante en aquel contexto histórico. Hoy en día hablar de adulterio a nuestra generación puede parecer un referente exótico, pero fueron nuestros progenitores quienes vivieron en esa tipología penal. ¿Cuantos artículos del Código Penal se verán tan obsoletos como éste dentro de 34 años? ¿Cuantas de las reglas que nos han sido impuestas proceden de un "error intelectual" contemporáneo? La respuesta la va a marcar la evolución del supuesto "consenso social". Digo supuesto porque el delito además de una "acción u omisión, típica, culpable y antijurídica", además de la mayor muestra de la ideología social de una nación determinada, es en la sociedad capitalista un instrumento de control por parte de la élite dominante.

Recopilemos algo de la dialéctica marxista y su omnipresente "lucha de clases". Bajo este criterio el desarrollo de las figuras delictivas vendrá determinada por el estrato social del infractor -porque hoy en día vivimos por estratos sociales y él que diga que no es un embustero-. En ese sentido, si el autor pertenece a la clase social subordinada, el delito será la expresión de las contradicciones entre los medios productivos y la distribución de la riqueza. ¿Qué quiere decir esto? Que recuperando tendencias anómicas tan en boga en la criminología de los años 30, una gran mayoría de ilícitos para esta clase vendrán determinados por la imposibilidad de alcanzar el éxito material - objetivo último de toda ordenación capitalista- mediante las vías "legales". En la cárcel lo que encuentro es POBREZA, aspecto que pone de relieve que los marginales, inmigrantes o reincidentes crónicos, no delinquen por tal condición, si no por la inexorable influencia de su contexto socioeconómico.

En cambio, cuando el autor pertenece a la clase dominante, el delito se explica por la relación entre procesos legales e ilegales de acumulación de capital y su relación con la esfera política. ¿De qué estamos hablando? De que los Correas, Urdangarines y Rocas han quebrado - y sobre todo que a éstos los han cogido- las reglas de la idiosincrasia capitalista, obteniendo mediante procesos antijurídicos ventajas sobre el resto de componentes de la oligarquia financiera. Con ello tampoco puede ser condescendiente la élite dominante.

Evidentemente, nos quedaría un tercer grupo de delitos, los de tipo patológico y sin componente económico alguno, ya constatada su ínfima proporción desde autores del siglo pasado como Kropotkin -estandarte del anarcocomunismo-, estaríamos hablando de en torno al 7% de la población total carcelaria; esa misma que no cesa de aumentar a nivel mundial y nacional.

Ante este panorama, desde los herederos de la Criminología Crítica se viene abogando por posiciones funcionales que: permitan un uso decreciente de la pena privativa de libertad; una exponencial privatización de los conflictos de menor entidad a partir de la mediación; y, en términos Bakunianos, de la necesidad de una justicia colectivista que devuelva la controversia al pueblo y que se aleje de encriptados y rituarios procesos jurídicos, los cuales soslayan los intereses de la víctima y solo pretenden la inocuización del victimario. Agregado a ello, la implementación de sanciones alternativas, de labores en beneficio de la comunidad y que supongan un contacto y reparación directa con el bien jurídico dañado, son las únicas que cumplen el mandato constitucional. Porque para vuestro asombro el artículo 25.2 CE dice que las "penas estarán orientadas a la reinserción y reeducación del reo", una patraña difícil de constatar cuando se les aísla del medio al que pretenden reinsertar. 

En una situación de "emergencia constante" condicionada por el habitualmente llamado "legislador a golpe de telediario", el " derecho de resistencia" es más necesario que nunca.



José Manuel del Río
                                                                                                                                    Abogado Penalista