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domingo, 6 de mayo de 2012

CRÓNICAS DESDE LA RESISTENCIA: LONDON IS THE REASON


En aras a la sinceridad, pocas veces pensaba en retomar el blog y su modesta pretensión divulgativa; los últimos meses han estado mediatizados por la apertura de mi despacho, un par de casos “difíciles” y la omnipresencia de la tesis doctoral, que aunque de forma incipiente, ya se va irrogando de un cierto valor a efectos académicos. 
He hecho algunos viajes que merecerían este artículo, pero en esa vorágine personal a la que me vi sometido, no saqué ni tiempo ni ganas para ello; igualmente el estreno de mi pequeño local en el Barrio de Gracia debería haber tenido su acogida en esta web, pero de la misma forma lo he ido postergando... Así que, un vuelo bastante aburrido de Gatwick a Barcelona, me ha determinado a que saque el portátil y comente algo sobre mi estancia en Inglaterra.

Hacia años que no pisaba estas islas, incluso siendo un destino recurrente entre mi circulo social; por ello y una vez  que gran parte de mi “emigración gallega” ya ha buscado nuevos horizontes, seguramente el viaje ha llegado tarde; todo lo tarde que pueden llegar unos días en Londres.

Aterricé un miércoles, en mitad de la semana y en mitad de otras tantas cosas. Mi socio me esperaba en Victoria Station, allí perdí momentáneamente la cartera y con ello la calma que requiere el “dia inicial”, pero la diligencia de Zadek, el gerente de Gatwick Express, fue tal, que una hora después era remitida en tren por su homónimo de la ruta Southern Line, el maldito lugar donde la había dejado olvidada en una cabina telefónica. Con un “this is england” intenté expresar mi infinito agradecimiento al desconocid@ que la puso a disposición de la oficina de “left luggage”; Zadek repitió la frase litúrgicamente, y empezó a contribuir a desterrar de mi cabeza el estereotipo de inglés “low cost” que he venido padeciendo estos años atrás en Ibiza, Tenerife, y cualquier otro sitio bendecido por playa y sol que haya frecuentado.

Mi hogar para la semana se encontraba en Stepney Way, zona 2 configurada por edificios que me recordaban a la película “Attack the block”; de población mayoritariamente hindú no acabé de ubicar ante que tipo de barrio me encontraba, pero pude confirmar la perpetua descompensación entre el binomio calidad-precio que ostenta la capital británica.

La noche inicial me llevó a Brick Lane, enclave en apariencia pujante de la escena londinense. Un ordenamiento urbanístico con mucho encanto,  alberga algún club a destacar, como el 1001 o el 93, tiendas de ropa vintage, y toda clase de puestos de “pastelitos indios”, deliciosos allí, en Barcelona y en cualquier lugar del mundo seguro; soy fan declarado.

Al mediodía siguiente amanecimos con la idea de la visita de rigor a Candem Town; puedo decir que sigue siendo una parada obligatoria, pero no veo el romanticisimo que creo guardaba antaño. Los puestos de tatuajes con su “prohibido cuello, cara o manos” dejan claro ante lo que estamos, supuesto “underground” enlatado para turistas, adolescentes o “rebeldes” de una semana; sin compromiso, sin complicaciones y sin militancia. Efectivamente, un producto de “mercadillo“.
Después de cenar nos acercamos al Soho, buscábamos un par de referencias electrificadas como el “Twelve” o el "Crobar"; lamentablemente la agenda musical nos fue del todo desfavorable, la gente de Rucktion Records justo programaba el día de mi marcha, y lo que encontramos fue a "esto" versionando algunos “hitos” del punk con desigual resultado. El resto del barrio es una zona de ambiente gayfriendly, con aparentes signos de exclusividad y muy cara; seguro que si rascas la superficie encuentras cosas interesantes, pero no fue nuestro caso.

El tercer día estaba dedicado a la bicicleta. Con escasas horas de sueño, nos lanzamos a una frenética visíta a golpe de pedal por todos los "totems" de Londres. Desde Buckingham Palace y la vergüenza ajena que produce, al Big Ban o Westminster Abbey, para acabar en el clásico London Eye; debo reconocer que la orilla del Támesis tiene mucho encanto, el TATE o el teatro de Shakespeare son buena prueba de ello. Al caer el sol nuestra indefinición nos acabó llevando a Chinatown, y por ende, a un club de poker bastante turbio, como tiene que ser; el "Fox club". Me dieron el número 13 en el guardarropa, a partir de ahí huelga decir nada del resto.













La mañana siguiente lo que quedaba de nosotros se acercó a Portobello Road, muy agradable el mercadillo, con puestos de comida buena y barata, antiguedades, y algún artista callejero en un entorno, él de Notting Hill, realmente bonito. Y poco más, vuelta a Barcelona a seguir peleándome por sacar mis proyectos personales y profesionales adelante.

Para cualquier análisis exhaustivo y de verdadero valor sobre la capital británica acudir a la web de mis amigos de combatlondon, ahí sí se os destripan exponencialmente todas las posibilidades de esta gran ciudad. Las fotos "diurnas" que cuelgo son sacadas con mi móvil, pido benevolencia ya que es la unica forma de que no venga ninguna sanguijuela a hablarme de derechos de autor. Un saludo!


domingo, 12 de junio de 2011

CRÓNICAS DESDE LA RESISTENCIA: CEUTA

Estos días no he tenido ni un minuto para subir artículos al blog, y desde luego están pasando cosas que aquí requerirían de nuestro modesto eco. Al margen de todo ello, a destacar la vuelta por motivos profesionales que me tuve que dar por Ceuta hace unos días. Ahí va mi pequeña crónica.

Ir a la Ciudad Autónoma de Ceuta desde Barcelona precisa de cierto despliegue, en mi caso tomé un avión hasta Málaga y de allí un helicóptero hasta mi destino. La otra opción sería bajar a Algeciras y cruzar el estrecho en barco, pero a una mayor inversión de tiempo se le unía el mareo que me produce subirme a cualquier embarcación; además, a estas edades ya cuesta encontrar experiencias nuevas y el helicóptero desde luego lo era.




Después de 25 minutos de vuelo, que me permitió sacar alguna foto interesante desde el móvil estaba en tierra ceutí.






En aras a la sinceridad, lo primero que me sorprendió fueron sus modestas dimensiones, con apenas 5 km de distancia a la frontera con Marruecos, Ceuta se configura como una pequeña ciudad enclavada entre el mar en la llamada península de Almina. Los datos refieren unos 80.000 habitantes, aunque esa cifra pueda parecer muy optimista a primera impresión; en todo caso existe gran cantidad de población flotante y funcionarial por las circunstancias obvias, que seguro que hacen fluctuar los valores demográficos constantemente. La esperada influencia magrebí fue una de las primeras impresiones que pude captar con el móvil.





La preceptiva vuelta de reconocimiento, me descubrió una pequeña playa urbana y diferentes edificios destinados a los cuerpos policiales, Guardia Civil, Policía Nacional y como no la Legión, que contaba con un museo a escasos metros del paseo marítimo; me llamó poderosamente la atención su lema "Legionarios, a morir".





La zona de ocio se concentraba al lado de la réplica del "Parque Mediterráneo" de Cesar Manrique; como el que suscribe ha estado mucho por Canarias, he de reconocer que toda mi estancia en Ceuta me trajo reminiscencias del archipiélago, tanto a nivel estructural como incluso de las modestas percepciones culturales que me permitió mi corta estancia.

Me recluí en el hotel para preparar el juicio, y mi habitual insomnio me acabó permitiendo disfrutar de una sesión de Kraftwerk a altas horas de la madrugada por los 40 TV!! semejante bodrio de cadena parece que se permite el lujo de programar música de calidad con ánimos intempestivos.




La mañana siguiente la pasé esperando una vista que al final se suspendió, con lo que toda aquella travesía dejo de tener cierto sentido y me convoca de nuevo para el mes que viene en la Ciudad Autónoma. A destacar la especial configuración que tienen los Juzgados de lo Penal enclavados en una especie de centro comercial, la aparente falta de medios era suplida por unas funcionarias sumamente agradables, ironías del mundo de la justicia. Volveré a ver sus sonrisas dentro de treinta y tantos días.




miércoles, 18 de mayo de 2011

CRÓNICAS DESDE LA RESISTENCIA: EL MODELO HOLANDÉS SOBRE DROGAS


¿LEGALIZACIÓN O DESPENALIZACIÓN?
Cuando se habla de la legalización de las drogas, existen dos discursos posibles y que tal vez, desde una motivación común ofrecen soluciones bastante antagónicas.
En ese sentido estaríamos diferenciando entre legalización y descriminalización. La primera abogaría por el derecho de cada individuo a elegir si quiere consumir o no sustancias estupefacientes bajo una reglamentación regulada que podría aplicar tipos impositivos a imagen y semejanza del tabaco y el alcohol; ello indubitadamente acabaría por asimilarlas socialmente también de la misma forma.
En cambio la descriminalización nos situaría en un plano donde el consumidor dejase de ser considerado como delincuente, potenciando su rol de víctima y apostando por políticas de reducción de daños. Lamentablemente la venta seguiría en la mayor cantidad de ocasiones en la más absoluta ilegalidad, y por lo tanto las lesiones colaterales que actualmente produce el narcotráfico seguirían en plena vigencia. El modelo aquí sería una palmaria reducción de efectos perjudiciales extensible al ámbito jurídico y no solo del consumo controlado.
MODELO HOLANDÉS
Este último modelo con unas cuantas singularidades fue el escogido en su día por Holanda. Desde 1976 aquel país permitía ciertas concesiones en cuanto a la venta y consumo de cannabis y derivados. Es a partir de los años 90 cuando, con el auge de la UE, tal política alcanza su clímax y repercusión internacional. Personalmente visité La Haya y Amsterdam en el año 99, en ese instante la tolerancia estaba en un nivel superior al actual.



En los coffeeshops, además de obviamente suministrar cannabis y derivados, permitían beber alcohol, y en los smartshops se hallaban drogas alucinógenas de carácter natural tan potentes como el peyote. El modelo se encontraba en su punto álgido y había una sensación en ciertos colectivos extranjeros de que no tardaría en trasladarse a sus fronteras.
A partir de aquí, ante un palmario “turismo de la droga” y las presiones ejercidas por países limítrofes como Alemania, las restricciones sobre el consumo y venta de sustancias estupefacientes han sido constantes, hasta en la actualidad haber prohibido el consumo de hongos alucinógenos (otro símbolo de aquella iniciativa) y estudiarse el cierre de los famosos coffeeshops, donde ya no se permite la mentada venta de alcohol, lo cual hace reducir drásticamente su servicio recreativo con una clara merma en la afluencia de clientes. Detrás de todo ello se esconde indubitadamente la falta de una legislación semejante en los países vecinos y una potencial falta de soberanía nacional en el entorno de la UE, donde las directivas comunitarias se imponen cada día sobre gestiones de autogobierno. A mediados de los 90 las autoridades holandesas no podían imaginar que en el contexto actual las naciones europeas seguirían manteniendo una política represiva en torno a las llamadas “drogas blandas”, y ese ha sido el problema de la viabilidad actual de aquella iniciativa. En este instante, tan solo la República Checa ha legislado favorablemente y permite la tenencia de hasta 15 gramos de cannabis y derivados, e incluso 1,5 gramos de heroína sin multa administrativa o ilícito penal derivado.




Agregado a ello, la coherencia de Holanda no ha sido la deseable en la mercantilización de la actividad de venta del cannabis, y es que, curiosamente el aprovisionamiento por parte de los coffeeshops de mercancía sí que puede ser perseguido penalmente, y se encuentra en una situación de absoluto descontrol, favoreciendo la aparición de mafias y movimientos de narcotráfico trasnacionales que poco tienen que ver con la imagen que se representaba del particular en los 70, notoriamente más ingenua e idílica. Esa especie de vacío legal dejaba el cultivo y transporte de grandes cantidades a los mismos individuos que operan en el narcotráfico mundial, y resultaba difícil de justificar dada la permisividad histórica holandesa que ante la fuerte oposición represiva mundial ha tenido que mirar para otro lado.

En la actualidad solo países como España, Portugal o Italia permiten la tenencia para consumo personal en el ámbito privado, lo que equivale a decir según nuestra jurisprudencia que cualquier tenencia no amparada por la Ley es ilícita ya sea a nivel administrativo o incluso penal. La traducción pragmática de esto viene siendo que el consumo en domicilio en ningún caso puede ser objeto de sanción pero que el transporte urbano aunque sea en dosis ínfimas si puede ser multado; mientras naciones con tanta influencia en la UE como Francia o Alemania no han variado un ápice su hipocresía política en cuanto al particular.

viernes, 28 de enero de 2011

CRÓNICAS DESDE LA RESISTENCIA: ENSAYO SOBRE EL UNDERGROUND


Voy a aprovechar esta sección en la que se empezaron relatando viajes personales con cierto trasfondo sociológico, para ampliar la temática del blog, dejar de encorsetarme en aspectos jurídico-penales que me consta que a muchos de mis lectores "amigos" no les interesan tanto, y así extender el espíritu del "Derecho de Resistencia" a planos muy alejados del mundo del derecho. Al fin y al cabo en un ejercicio comunicativo como este, han de aflorar aspectos e inquietudes personales, tanto a nivel particular como en el de mi entorno.

La idea de una especie de ensayo sobre el término "underground" y las connotaciones que se puedan derivar de él, viene de una charla entre amigos, en la que salía a colación este sustantivo para denominar los eventos promocionados por uno de ellos, y donde estando todos de acuerdo en que captaba bien la esencia de su actividad, surgieron interesantes cuestiones sobre lo que podía introducirse dentro de tal palabra, y lo que por su naturaleza debería permanecer fuera, el "enemigo"

Resulta pacífico que por el vocablo inglés "underground" , entendemos la referencia a los movimientos que se consideran paralelos, contrarios o ajenos a la cultura oficial. Buscando alguna referencia histórica, encontramos que se utilizó en diferentes expresiones de resistencia como la red de rutas clandestinas por las que los esclavos africanos trataban de abandonar Estados Unidos en el siglo XIX, o curiosamente mas tarde también para los grupos que permitían huir a Canadá a los objetores de conciencia norteamericanos durante la Guerra del Vietnam; dos caras de la misma moneda, antagónicas por su propia naturaleza pero que sin embargo el paso del tiempo las consolidó como semejantes.




A partir de aquí el termino se empieza a utilizar para designar a todo tipo de subculturas, hippies, mods, punks, grunge, hardcore...todos se tildaban orgullosos de ser "underground". Una vez situados en este punto del debate, voy a realizar un análisis desde dos planos bien diferenciados:


-Desde la psicologia cultural: como bien he señalado la etiqueta underground es reclamada (volvemos al ejemplo de mi amigo) como orgullosa seña de identidad por cualquier movimiento artístico ajeno a la llamada "cultura de los normales". Ese fenómeno es indicativo en la también denominada "construcción del nosotros", una experiencia psicológica que entiende la visión subjetiva de grupo como una necesidad de conformar unas características diferenciadoras del "ellos", ya sea por reafirmación de unos valores propios particulares o por la denostación de los generales. Es decir a nivel mas abstracto, que para entender la formación y las características psicológicas de las personas tenemos que recurrir al estudio de los contextos en los que, directa o indirectamente, estos participan; y para entender la cultura tenemos que recorrer a los sentidos y significados que los hombres y mujeres construyen.





Cualquier movimiento cultural conlleva la asunción de una serie de cánones, y a través de ellos una experiencia y problemática psicológica particular. Obviamente el "underground" reside en unos patrones alternativos que requieren de una divulgación, aunque sea en un circuito cerrado, para su asunción por parte de una pequeña comunidad ajena a los parámetros imperantes, y en la cual esa aspiración de diferenciación resulta tan importante como la propia expresión artística. Con lo que bajo mi opinión, cualquier significado que traspase esa barrera y se difunda en la generalidad cultural ha de ser inmediatamente denostado por los emisores; independientemente de la calidad del contenido hemos de renovarlo para dejarlo en la esfera sociológica paralela.



-Como expresión artística: enlazando con la disertación anterior, cito en mi apoyo a Hakim Bey en "Temporary Autonomous Zone": "Tan pronto como un TAZ es nombrado -representado y mediatizado- debe desaparecer, desaparece de hecho, dejando tras de sí un vacío, resurgiendo de nuevo en otro lugar, e invisible de nuevo en tanto indefinible para los términos del Espectáculo"

Pienso que en la actualidad no debemos extender el significado del "underground" mas allá de una mera divulgación artística, sea de la forma que sea pero eliminando eventuales connotaciones políticas que bajo mi criterio han de seguir otra denominación y forma. Cualquier artista que se desmarque de los circuitos de comercialización, que apueste por permanecer fuera del corporativismo y del mainstream es susceptible de ser adjetivado como "underground", independientemente del contenido de su expresión. En esta tesitura, se podría definir como tal el mensaje que permanece oculto a la Babylon pero es apreciado por el Ghetto.





Para visualizar con un ejemplo toda esta idea, me voy a referir a Banksy. El grafitero inglés es un meridiano representante de la transición underground-mainstream por encima de un mensaje que personalmente considero de calidad y alternativo. Pocas actividades pueden exhibirse tan paralelas como el arte del grafitti; callejero, proscrito y perseguido hasta la saciedad.



La obra del británico tenía todo para permanecer como icono de la contracultura pero ha sido tal el reconocimiento de sus trabajos que ha derivado en: una película, una entrada para la serie Los Simpsons, ropa y todo tipo de artículos direccionados bajo el "mainstream"; insisto independientemente de las connotaciones que sigue transmitiendo su labor, está marcado para la subcultura habiendo trasladado su repercusión a la generalidad de individuos de los que tanto se intenta marcar una separación en estas lides.

En conclusión independientemente del fondo del movimiento, la forma es la que califica lo que es "underground". A pesar de ello el contenido es un claro indicador de los visos de ajenidad a la cultura oficial que presenta una determinada expresión, existen unos cánones definidos en las preferencias de la generalidad del público que permiten apreciar indiciariamente si una determinada obra está destinada por y para su comercialización, algo fácil, edulcorado e intranscedente como demanda la mayoría de la sociedad será como decia aquel "3, 2 o 1". En cambio una obra entregada desde la convicción personal, compleja, poliédrica, con aspiraciones de mover conciencias, fruto de la experimentación y a la que muchas veces solo se puede llegar a entender por medio de la evolución personal permanecerá ajena al gran público. Y que así siga siendo.

Finalizo con la famosa frase de Frank Zappa "La cultura oficial sale a tu encuentro, pero al underground tienes que ir tú"


sábado, 6 de noviembre de 2010

CRÓNICAS DE IBIZA


Cuando aludía en las primeras entradas del blog a la temática de los artículos que aquí se iban a desarrollar hablaba de supuestos cercanos al derecho o a la “resistencia“, probablemente el que siga sea el primero que no tienen una gran relación con ninguno de estos conceptos, al menos en la actualidad.

En mi afán de realizar una radiografía social de los lugares que frecuento o he visitado en alguna ocasión no podía faltar Ibiza, un lugar tan particular como este merece como mínimo una pequeña reflexión.

Llegué por primera vez a la isla en el año 99, todavía no había estrenado mayoría de edad y evidentemente poco o nada pude profundizar en las raíces de la historia insular, desde luego que no era la época apropiada para ello, pero recuerdo perfectamente como nuestro anfitrión señalaba repetidamente “esto ya está muerto” ante mi perplejidad, ya que desde mi ingenua perspectiva solo podía observar una fiesta desenfrenada 24 horas al día, los 7 días de la semana, desde una rave en una playa hasta macroclubs que acogían a más de 10.000 personas en una noche. Después de aquella visita inicial ,y a lo largo de los años, mi madurez fue aumentado de forma proporcionalmente inversa al desenfreno de Ibiza, hasta llegar al punto actual donde la isla dispone de las mismas infraestructuras pero ha reducido de forma palmaria todo lo que se refiere a horarios y tolerancia con drogas.

Pero la historia de la población balear dista mucho en sus comienzos de lo que nuestra generación ha heredado. Desde 1957 hasta 1973 tanto Ibiza como Formentera acogen una cantidad impresionantes de pintores, dibujantes, artistas, escultores, arquitectos, diseñadores y demás gente de carácter bohemio. Pero sin duda el boom que caracterizó a la isla blanca fue el movimiento hippie en los 60, Tras finalizar el verano de amor en California y la resaca del Mayo del 68 en Francia se produce una gran diáspora en esta generación rebelde.



La devaluación de la peseta en 1967 atrae a los primeros hippies a Ibiza, y se empieza a crear un movimiento muy fuerte. Se abren discotecas afines a esta ideología,la primera fue "La cueva de Alex Babá",creada por Alejandro Vallejo-Najera y también se abre el primer Amnesia. Comenzaron a proliferar grupos de jóvenes cuya existencia se centraba en el consumo de derivados del cáñamo (kif, grifa, marihuana, haschisch) y LSD que se ritualizaban y utilizaban como puntos de referencia para una contracultura cada vez más antagónica con los valores considerados normales, desarrollando una ideología que recordaba vagamente a la del movimiento que se había desarrollado años atrás en Estados Unidos pero sin una cohesión clara y adoleciendo de los aspectos identitarios que sí marcaron aquel.

Los hippies en Ibiza se organizaban en comunas e intentaban sacar un dinero vendiendo productos manufacturados, como pulseras, cuadros, bolsos, etc. o productos y hortalizas cultivados por ellos mismos, como patatas, tomates o miel. Esto derivó en los famosos mercadillo que aun podemos visitar hoy en día, como el de Las Dalias o Es Canà. En general no eran muy bien visto por los ibicencos, los llamaban "peluts" (peludos) y finalmente su naufragio como movimiento fue paralelo a su perdida de peso entre los movimientos sociales juveniles de los 70 y cierta actividad del Régimen que detuvo a un gran número de ellos que se dedicaban al contrabandismo.
A partir de ahí la isla blanca ha derivado en lo ya conocido por todos, ninguna comuna existe hoy, al menos a imagen y semejanza de las antiguas, quedando grupos reducidos de hippies vinculados a los mercadillos anteriormente mencionados de las Dalias o Es Cana.


En contraposición con ello la cultura del clubbing y la fiesta sin freno dotada de inmejorables infraestructuras se impuso en los 90, siendo el epicentro turístico mundial en este sentido.





Podemos hablar que desde el 2005 ese fenómeno se encuentra en franca decadencia, en primer lugar por la gran cantidad de problemas que se derivaban de aquella idiosincrasia a todos los niveles e indisolublemente unido a ello por la bajada de ingresos procedentes de este tipo de turismo que ha determinado a los ibicencos a intentar cambiar el perfil de público que acude a la isla; así la novedad más visible se ha producido hace un par de años con el ajuste de horarios, prohibiendo los llamados “after hours” y obligando a las macrodiscotecas a cerrar sensiblemente antes.




Los efectos se perciben rápidamente hasta para un mero visitante ocasional como yo. Todo se ha tranquilizado, y aunque ese punto de desenfreno siga existiendo en determinadas circunstancias ahora hay que buscarlo, cuando hace unos años precisamente lo que tenias que perseguir era un instante de tranquilidad y relax. Los habitantes de Ibiza también lo empiezan a percibir, como bien dice un amigo mío oriundo de allí “ ya puedes ir a Urgencias sin saber que ibas a esperar 6 horas para que atiendan las intoxicaciones etílicas y de estupefacientes de turno”. De todas forma este lugar siempre tiene algo de irracional que conlleva unos cuantos dramas cada verano, si hace unos años los mataba el ghb ahora lo hace el “balconning”.

Por mi parte solo puedo admitir que no queda casi nada autentico en la isla, que el proceso de mercantilización de los visitantes y una forma determinada de turismo han conseguido que la magia de este enclave geográfico se reduzca a algunas playas y aguas cristalinas del norte que todavía perviven sin masificación, a observar alguna puesta de sol impresionante a ritmo de chill en San Antonio y a pasear en invierno por Dalt Vila quedándose prendado de esa luna tan increíblemente luminosa que solo se puede disfrutar en la isla. Bien pensando, son suficientes razones para que siga sufriendo ese cosquilleo cada vez que aterrizo allí.




Esta última foto la tomé hace escasamente un mes, hasta pronto Ibiza

José Manuel del Río

domingo, 25 de julio de 2010

DÍAS EN MOSTAR (II)



Dejaba el relato de nuestra estancia en Mostar, y todo lo que ella ha conllevado, en el momento en el que me disponía a comprar una camiseta de la selección Bosnia de futbol; ese hecho banal y desprovisto de cualquier connotación que pudiera otorgarle la mas mínima relevancia ,fue lo que me permitió conocer a Goran.

Goran regentaba un pequeño puesto con equipaciones de futbol, bufandas y banderas, como cualquiera de los que nos encontramos en las inmediaciones de un estadio los días de partido; era un hombre corpulento, alto y bastante pasado de peso; reparabas rápidamente en los dos tigres que llevaba tatuados en los antebrazos, aunque en cuanto articuló dos palabras lo que nos llamó necesariamente la atención fue su rostro demacrado y sus ojos fuera de órbita.

Le inquirí sobre si vendía material auténtico o lo que allí exhibía eran meras imitaciones, a nuestro amigo bosnio no le agradó especialmente la pregunta y me contestó en un perfecto inglés "¿cuanto vale esa camiseta de los Lakers que llevas puesta?", yo le expuse que me la habían regalado (aún encima soy seguidor de los Celtics), pero el insistió en un tono casi agresivo "¿que dinero habrá pagado el que la compró?", y la verdad no quería ponerme a discutir con aquel tipo de los euros que mi ex novia se habia dejado en la camiseta de marras, que seguro que tampoco eran tantos y simplemente le dije "déjame probar la talla L".

En cuanto saqué la cartera llegó la distensión a aquel puesto de venta, me explica amablemente que esas camisetas en Sarajevo las vende como auténticas pero que se trata de una réplica perfecta y que no veré en Mostar ni una sola original. Cuando llegó el momento de pagar le dije que mis euros tampoco eran auténticos, que era el intercambio justo dadas las circunstancias, de forma sorpresiva mi peculiar interlocutor empezó a dar unas carcajadas dignas de cualquier película de terror. Con la actitud propia de quien aprovecha cualquier detalle para escapar de su rutina cerró su pequeña tienda y se vino a tomar unas cervezas con nosotros.

Supimos después de dos horas de conversaciones de todo tipo y objeto, que Goran perdió a su padre en el frente y que su madre y su hermana habían sido asesinadas durante la guerra en Mostar, en su propia casa, le atormentaba especialmente no saber quien las mató y que tal vez sus asesinos sigan paseándose por la ciudad, una circunstancia que el decía seguir investigando 16 años después y que ofrece una idea de la necesidad de venganza como el pilar fundamental de su vida. Él no estaba de acuerdo con la paz, había soñado un país libre para todos y le superaba el hecho de que ese país se viese reducido a su barrio musulmán de escasamente unas 2.000 personas, cualquier salida casual de ese limite era de imprevisibles consecuencias y la mayor muestra de que la fecha oficial del fin de la guerra en el año 95 era una falacia.





Empezaba a caer la noche en la ciudad y las historias de mi nuevo amigo no tenían fin, afortunadamente la charla siempre discurrió con un cierto tono jocoso y una palmaria reciprocidad de información sobre nuestras vidas, imagino que se debió sentir realmente cómodo con nuestra presencia ya que nos invitó a cenar a su casa. Su hogar era una pequeña vivienda taladrada por las balas, obviamente aquí no íbamos a sacar ni una foto pero si la entrada era sobrecogedora, ver los agujeros correlativos en el minúsculo salón no tenia parangón con nada de lo que observabamos en las calles, relacionar aquella habitación con la terrible historia que hace unas horas nos había contado Goran supuso un shock para nosotros.


Afortunadamente la locuacidad del anfitrión nos permitió abstraernos del entorno, algo que no consiguió con su bienintencionada cena, de nuevo arroz y carne picada; cuando el reloj se fue casi a las doce de la noche volver a Dubrovnik con el cansancio y cervezas acumulados se tornó un gran problema que aquel hombre detectó enseguida ofreciéndonos pernoctar allí. Es habitual por aquellas tierras hospedarse en lo que llaman "Sobes" (habitaciones dentro de su propia casa) dada la carencia de plazas hoteleras y la peculiar manera de entender el turismo de los oriundos de la zona, así que la invitación fue aceptada con total naturalidad.

Soy una persona a la que le cuesta conciliar el sueño en condiciones normales, con lo que en ese contexto sufrí deliberadamente para descansar. Cuando nos dimos cuenta la luz ya entraba tímidamente por la ventana y Goran cantaba algo indescifrable en la ducha, era el momento de levantarse y nuestro amigo tenía una última sorpresa, el Talbot rojo aparcado enfrente de su puerta era el antiguo coche de la familia, y con una sonrisa de oreja a oreja nos invitó a dar una vuelta por los pequeños montes que rodean a Mostar.





La vuelta turística se completaba con comentarios del tipo "aquí mataron a mis vecinos" o " en este enclave hicieron una emboscada a los serbiobosnios", realmente a estas alturas ya no les daba especial relevancia a estos relatos, la guerra parecía haber estado conmigo mucho más tiempo que apenas un par de días y la adaptación del ser humano a cualquier entorno era una máxima indubitada.




Goran tenia que volver a abrir su pequeño negocio y nosotros regresar a Dalmacia, todavía nos quedaban un par de jornadas de viaje por Montenegro. Un efusivo abrazo y el intercambio de todo tipo de números, correos y demás sellaron nuestro agradecimiento.

Quisimos hacernos una foto con él de recuerdo pero no lo permitió...la situación en Mostar sigue teniendo muchos misterios para el extranjero.

miércoles, 21 de julio de 2010

DÍAS EN MOSTAR


Recuerdo el impacto mediático que supuso el conflicto bosnio y la guerra de los Balcanes en la sociedad europea. En el año 93 todo el mundo giró la cabeza hacia la Ex Yugoslavia, nos estremecía que a 500 km de Roma, casi en el corazón de la Vieja Europa, gente de raza blanca estuviese inmersa en una pseudoguerra civil que luego adquiriría tintes genocidas. Era tan difícil imaginar una situación de tal calibre en los 90 que ni tan siquiera se pudo dar una respuesta a tiempo por parte de la OTAN con lo que la barbarie se prolongó hasta los Acuerdos de Dayton, 3 interminables años después, conjugado todo ello con el corolario de los Juicios del Tribunal de la Haya contra los líderes serbios hace escasas fechas.


Los presupuestos que habilitaron lo expuesto, como bien dijo nuestro casero croata Mladen “son demasiado complicados como para que se entiendan ahí fuera”, no obstante a modo de explicación indiciaria quiero señalar algunos de ellos. La extinta República de Yugoslavia era un amalgama de etnias que Tito se encargó de apaciguar bajo su mando; históricamente croatas y serbios han sido las más representativas, con un enfrentamiento constante (hasta el punto de influenciar de forma decisiva el inicio de la I Guerra Mundial) y que aprovecharon el fin de la URSS y la primitiva iniciativa de independencia de Eslovenia para la creación de sus respectivas naciones, un proceso que conllevó un enfrentamiento bélico para determinar las fronteras de los nuevos estados y su composición demográfica. En esa tesitura, el pueblo bosnio, multiétnico y multireligioso por naturaleza, declaró también su propia autodeterminación, circunstancia con la que los serbios mostraron su disconformidad mediante una guerra civil con acciones genocidas como la de Srebrenica (8000 bosnios asesinados) lo que nos remite directamente a la situación temporal del párrafo anterior y a la importancia de la batalla de Mostar en el conflicto.




Casi sin querer, después de organizar con un par de amigos unas vacaciones de ocio por la costa croata acabé inmerso en aquel escenario, en aquel puente de Mostar tantas veces reproducido en los telediarios y erigido como símbolo de la reconstrucción actual de la ciudad. Aquello no es más que una fotografía, lo que pude vivir en Bosnia nada tiene que ver con lo que representa tender puentes y me ha supuesto una especie de catarsis vital que debe llevar inexorablemente a la relativización de nuestras problemas domésticos.

Llegamos allí en un modesto coche alquilado el 16 de julio, casi 3 horas desde Dubrovnik para recorrer solo 140 kilómetros de distancia, las pésimas carreteras y los cuatro controles fronterizos impedían ganar ni un solo minuto de tiempo. Cuando entramos en Bosnia el paisaje y las edificaciones se tornaron sutilmente más rurales a la vez que el termómetro del coche se iba casi a los 40 grados, todo ello conjugado con las inexistentes horas de sueño que traíamos de los dos días anteriores pudo hacer que la llegada a la ciudad tuviese bastante de onírica; no hay tiempo para asimilar nada, vienes de la banal costa de Dalmacia y sus bares de música comercial repletos de aspirantes a modelos y entras de inmediato en un paisaje apocalíptico lleno de metralla, agujeros de bala y casas reducidas a escombros; sin espacio para las presentaciones estábamos en Mostar.





La ciudad es de unos escasos 100.000 habitantes y por lo tanto bastante pequeña, con lo que prácticamente sin darnos cuenta llegamos a la zona antigua y aparcamos el coche; nuestro primer contacto con un bosnio se deriva de ese hecho, los “gorrillas” no entienden de nacionalidades y han adquirido una universalidad digna de respeto, así en un inglés cuestionable el sujeto nos dice que hemos de dejar unas cuantas “kunas” para que vigile el coche pero revestido de una formalidad impecable al darnos una especie de ticket como contraprestación por sus servicios. Aprovechando que la conversación discurre por un cauce amable le pregunto por un par de localizaciones y la situación actual de la población a nivel social, el individuo coge confianza y nos relata “hace años todo el mundo se volvió loco, ahora vivimos como nos permite el recuerdo”, un apretón de manos y una amplia sonrisa nos despiden de él tras las indicaciones de cómo llegar al puente.




Inmediatamente después nos adentramos en la zona antigua, el aspecto es bastante bueno, unas cuantas terrazas y algunos puestos de venta de artesanía local confirman que existe cierto turismo en este enclave. Después de 200 metros llegamos al mentado puente Stari Most, aquí la vista sí que es casi idílica, piedra limpia, aguas cristalinas y un trampolín desde el cual un par de saltadores hacen todo tipo de piruetas ante el aplauso de unos cuantos espectadores.





A la izquierda un trozo de mármol con la inscripción “don´t forget 93” nos devuelve a la realidad, justo a su lado se encuentra la entrada de lo que reza ser el “museo de la guerra" , nuestra curiosidad de momento no es tanta como para pagar los 5 euros que pide amablemente la chica del hall teniendo en cuenta lo poco que prometía el lugar, pero inevitablemente vemos las fotos de la guerra que adornan la recepción, muestran sangre, civiles muertos, militares hablando al lado de una pila de cadáveres, escombros…su tragedia se ha convertido en negocio para alguno 15 años más tarde.





Tras cruzar el puente, nos aguardan otro par de calles llenas de terrazas y puestos, aquí con más relevancia en cuanto a artículos militares de todo tipo y siempre con una simbología comunista; para cuando nos hemos dado cuenta se ha acabado el “oldtown” y ya estamos de nuevo ante esqueletos de edificios y agujeros de bala por doquier. Pero algo ha cambiado, aquí proliferan las barbas y la gente con túnica y de repente se nos hace patente la división de Mostar, de un lado la parte bosniocroata católica y de la otra la puramente bosniaca de corte musulmán. Dicen los libros que para contrarrestar la ofensiva serbia, los bosnios se aliaron con los croatas para derrotar a su enemigo histórico logrando expulsarlos de la ciudad en el año 93; sin embargo esa unión fracasó a la hora de perpetuar el paisaje multiétnico que siempre había conformado la localidad y los croatas bombardearon el puente para sitiar a sus vecinos musulmanes . La barbarie continuó hasta la intervención de fuerzas internacionales cuando la situación llego a una calma ficticia que perdura hasta hoy.




Pasaban unas horas del mediodía y desde luego que ya era momento de comer . Otro par de vueltas buscando un sitio donde poder degustar algo típico de la zona y finalmente llegamos a una especie de buffet de comida bosnia, el camarero dice hablar francés, italiano, español y realmente dudo de que si tan siquiera supiese hablar, la comunicación se hace difícil pero finalmente nos pone un mixto de unas cuantas raciones que tenían allí preparadas,en teoria era "cocina halal" que podiamos definir como arroz y carne picada en todas las presentaciones posibles, imagino que se trataba de cordero dado que estábamos en la parte musulmana pero nos resultó imposible de descifrar. Los postres correctos, los flanes son iguales en todo el mundo.




Al salir de allí, observamos una pequeña tienda que vende camisetas de futbol, bufandas y toda la parafernalia, siempre me gusta llevarme una del sitio que visito así que me decido a entrar buscando la equipación titular de Bosnia, por supuesto esperando que se trate de una imitación a buen precio. Y desde luego, nunca pensé que el hecho de comprar una simple camiseta iba a cambiarnos tanto la estancia en Mostar...pero eso queda para el siguiente artículo.