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domingo, 28 de junio de 2015

TON-UP BOYS (I)


Mi primera incursión oficial en el periodismo bonzo pasa por una tarde lluviosa de principios de marzo de 2015 en la zona 6 de Londres. De casi todos es conocida la estratificación geográfica de la capital de Inglaterra, porque muchos de nuestros emigrantes y sus visitas sufren la 2 y, en mayor medida, la 3. Había estado la noche anterior tomando unos british bulldogs con mi padre –no le temblaba el pulso de 73 años cogiendo un vaso ancho con vodka tintado por licor kahlua, que desgraciadamente es el coctel más desconocido para un barman del Estado español-, y amanecí con una leve resaca, como si mi realidad la percibiese a través de la neblina del Támesis en un día de otoño. El sol salió timorato a primera hora de la mañana entre esas nubes hipertrofiadas tan típicas de isla, para después quedar obliterado por un cielo plomizo que comenzó a jarrear agua sobre la piedra que pisaba. Me despedí de la familia y fui a la cita que siempre había postergado por variadas razones en el Ace Cafe. Recogí a Fernando, el clásico barcelonés de zona alta templado en cada gesto, cerca de su apartamento de Swiss Cottage, y trazamos el trayecto tras un par de diagramas en el mapa de ferrocarriles. Unos cuarenta y cinco minutos más tarde, bajo la misma agua, tenía enfrente el trébol negro señera de las motos cafe racer.



Yo sabía adónde iba, pero la gran mayoría de vosotros no. Así que lo ilustraré, y para ello me tengo que remontar al horror: la Segunda Guerra Mundial selló para siempre la atrocidad en nuestro código genético. Tan solo veinte años más tarde de la Gran Guerra, un psicópata comandó a Alemania en la absurda idea de galvanizar el mundo bajo una esvástica… y casi lo consigue. Millones y millones de muertos mediante, en unas cifras pornográficas que no deberían ser reproducidas ni con un teclado, el bando aliado ganó la contienda allá por 1945. Pero habían perdido todos. Y con Hiroshima se derrumbó el último rasgo de humanidad de esta civilización. La magnanimidad de los vencedores cayó con una bomba atómica que barrió de la existencia a la indefensa población civil. Lo aterrador es que no se hizo como parte de una solución final secreta orquestada por unos cuantos comandantes nazis presos de la banalidad del mal, sino que los quince kilotones explotaron en suelo japonés en riguroso directo para las masas vindicativas de Pearl Harbour. ¿Qué joven de los años cincuenta podría asumir el dictado de una generación precedente deslegitimada ya para siempre? El FIN, con mayúsculas de relevancia, estuvo presente en la sociedad desde el obituario genocida. Y que a nadie se le pidan demasiadas explicaciones con tal premisa cotidiana. Por eso en la incipiente sociedad de consumo que surgió tras la sinrazón, llegaron las subculturas juveniles, de las que algunas acabarían convirtiéndose en contraculturas.

Con un paraje urbano todavía erigiéndose sobre sus ruinas, el crédito financiero comenzó a fluir exangüe entre los jóvenes ingleses. La motocicleta de antaño era un distintivo casi señorial, pero los postadolescentes de Londres lograron cimentar su anhelo material en las primeras cafe racer: pequeñas carenadas con mimimalistas chasis, estriberas, y colines destinados a un aligeramiento general de la máquina. No había dinero para un coche, ni tan siquiera para una lambretta o una vespa como las que exhibirían sus némesis: los mods. Y ahí emergió colérica la figura del ton-up boy. El apelativo definía a cualquier chaval que lograse llevar uno de esos cacharros artesanos por encima de cien millas a la hora (160 km/h).

Abrí la puerta del Ace Café, y a partir de aquí solo haré de escribano de la historia que me contó el manager del local: un tipo desgarbado con coleta, gafas, y un cierto aire intelectual. Un cuarentón de… Coruña. «Vine por la música y me quedé por las motos».

Seguimos.

JM

miércoles, 27 de mayo de 2015

DERECHO DE RESISTENCIA EN LA RADIO

Cómo ya es vox populi entre los seguidores del blog -que, ciertamente, estaban descuidados y faltos de entradas regulares-, tenemos un nuevo programa radiofónico que lleva el espíritu de estas letras a las radios libres. Desde hace un par de semanas, Derecho de Resistencia es una realidad que viene sedimentada en el mismo afán que hace años motivó la apertura de este pretencioso espacio para escribir. Junto con mi compañero JOTA, estoy desarrollando una miscelánea bastante esquizofrénica que conjuga la denuncia social, análisis paranoico-crítico de lo que nos viene en gana, la música fuera del mainstream, herramientas legales para la ciudadanía, y humor... bastante humor. En este devenir vital el periodismo bonzo -acuñado así por un error de una oyente- será una de los ejes sobre los que gravite nuestra empresa, y por ello ya nos hemos puesto a investigar y a ser propios sujetos activos y pasivos de... noticias. ¿Dónde nos llevará la iniciativa? No sabemos si a la Audiencia Nacional en Araña IV, pero creemos que es solo la primera piedra de un proyecto comunicativo importante. Superamos un blog y acabaremos superando un programa radiofónico. Estoy seguro. Todos los miércoles de 16:00 horas a 18:00 horas en 104.5 FM y en el emisor online de Radio Bronka, cada dos jueves de 22:00 horas a 00:00 horas pasarán una repetición por los mismos canales.

JM
 

Y ahora los links:

Primer programa: https://archive.org/details/derechoderesistencia6demayode2015
Segundo programa: http://podcast.radiobronka.info/?p=7522

Página de Facebook: https://www.facebook.com/pages/Derecho-de-Resistencia/142957575729389?ref=hl

Twitter:https://twitter.com/Resistencia1045

miércoles, 8 de abril de 2015

Grand Theft Auto: Vice City

Catorce años atrás yo era un postadolescente cuya vida no difería demasiado de la de cierto tipo de postadolescencia. Uno de los rasgos comunes en esa época tan luminosa y oscura era pasar muchas horas delante de un televisor jugando al Grand Theft Auto entre amigos y otras tantas cosas. La segunda parte en 3D del videojuego de Rockstar nos llevaba a Miami, de la cual no tenía más referencias que el pelo engominado de Don Johnson y unas cuantas lanchas rápidas surcando la bahía de Biscayne, que parecía que albergaba mucho vice. La capital de Florida estaba tan lejos de mi vida y de la de los míos... a pesar de que creyésemos que todo el mundo giraba concéntricamente alrededor de nosotros. Y es que vivir en Vista Alegre otorga algo de ingenuidad que seguro no sufrían los oriundos de Liberty City, Overtown o Little Haiti, escenarios recurrentes en la Play Station. Los gallegos resolvíamos nuestros problemas a nuestra manera y, por mucho bull terrier moteado y pendientes plateados que luciésemos, mi entorno no solía cargar una glock 34 para liquidar al tipo que no paga sus pufos de crack. Si es que ni había crack.



En persona, la Miami con resaca del Ultra me ha parecido una ciudad abrasada por el sol y congelada por el aire acondicionado, dividida hasta el infinito, volátil, caprichosa, y con parajes tan bellos como artificiales. El lugar en el que "todos odian a todos" y puedes elegir entre ser un idiota o un loco; al menos ahí se acaban las opciones en South Beach. No conocía de primera mano una gran metrópoli donde, en apenas una generación, la población venida de otro país, con otra cultura y otra lengua, haya desplazado a la masa anglófila que la ocupaba. Aunque solo en una medida falaz. Los americanos ya no detentan la apariencia del poder y la cuestión no es baladí para una urbe señera de Estados Unidos, pero como bien nos iluminó Foucault, la microfísica de ese poder es casi infinita y la disyuntiva se percibe con pasear tres días por Ocean Drive, el Art District o Brickell. Además, uno tiene la sensación de que el proceso no ha hecho más que empezar: a la ingente masa de cubanos integrados a martillazos desde el Éxodo del Mariel -cuanto daño ha hecho ese gusano que interpretó Al Pacino-, se le suman todos los latinos que no pueden encadenar dos frases en español sin llamarle clams a las almejas. Simple ejemplo.

Ahora, la comunidad afroamericana, con la que tanto empatizaba disfrutando de aquel grandísimo videojuego de Tommy Vercetti, sobrevive en un tercer grupo de exclusión cuando, por tradición, siempre lo hizo en el segundo. Es que, si hablo de América haciendo un ejercicio de desproporcionada generalización... solo teníamos negros y blancos. En Miami no sabría donde colocar a esa comunidad cubana furibunda y republicana que, sin embargo, no tiene silla para la tea party de los anglos. Entretanto, a 92 millas se atisba el levantamiento de un bloqueo genocida para sus antiguos compatriotas, porque creo es imposible que los sigan considerando tales si porfían para que la isla siga obliterada bajo las barras y estrellas. Y soy de los que temo que esta supuesta nueva apertura acabe en la enésima colonización yanqui. Pero no me gusta generalizar, tal vez solo fue mi experiencia, o tal vez no. Consuela que los haitianos de Little Haiti no se hagan pasar por franceses y hablen con orgullo una de las lenguas más rudimentarias del planeta: el criollo. Es más, sospecho que buena parte de sus jóvenes habitantes querrían emular al original gangsta afroamericano. GTA II, nada ha cambiado desde entonces en Liberty City.


Las fotos, como siempre, son propias y desde mi modesto móvil. 

Palabras de una soporífera tarde en Santo Domingo.

martes, 24 de julio de 2012

VIOLENCIA


Escribo estas líneas en el contexto de una situación económica, y por ende social, inédita en mis 30 años de vida. El Estado Español se ve sumido en una crisis absoluta y global sedimentada en una beligerancia eufemística con la Unión Europea –la dialéctica entre la artificiosa desconfianza y los ajustes impuestos tiene claros signos sugestivos belicosos-; ambiciosa circunscripción política donde nos introdujeron los anhelos de progreso y reformismo, en lo que al final ha sido más una construcción sociológica que una realidad palpable.

Ante este actual atentado a nuestra dignidad como personas y en contra de los resortes que perpetúan la situación de desigualdad selvática, en este caso traducidos en un rescate financiero a los -permítaseme la cita- “gangsters y gorileros” causantes de la actual barbarie, hemos de reconocer que las calles han estado más agitadas de lo usual por estos lares. La oligarquía dominante se ha encontrado con la incipiente réplica de una sociedad que hasta hace escasos meses los aupó a una mayoría absoluta, en esa dinámica tautológica bipartidista que ha sido impuesta y aceptada por las masas. Sin embargo, así como la crisis está desarrollando una evolución, debe hacerlo la respuesta cívica.
Hace escasas fechas contemplaba con asombro como el pueblo de Madrid jaleaba y se solidarizaba con unos individuos que habían alcanzado la notoriedad mediática en sus exigencias a través del corte de carreteras, lanzacohetes caseros y petardazos por doquier, siempre escondidos bajo el preceptivo pasamontañas. LOS LLAMAN MINEROS. La aquiescencia y beneplácito colectivos generados a través de unas demandas legítimas, pero que se constriñen al panorama socioeconómico que nos ha llevado a este punto sin retorno, contrastan con la habitual repulsa mediática y ciudadana de otras “violencias” más radicales -en su acepción de “abordar el problema de raíz”- que han refrendado posiciones altruistas contra el enfermo sistema establecido.

 Pero ¿qué es violencia? A nuestros efectos, el vocablo es definido en la RAE como “acción de utilizar la fuerza o la intimidación para conseguir algo”, con lo que ya genéricamente vemos que está desprovisto de connotaciones dependientes del sujeto activo.
Por supuesto todo es mucho más complejo, el Triángulo de la Violencia fue un aspecto que tuve la suerte de estudiar hace un par de años y del cual queria escribir hace tiempo, una construcción teórica elaborada por Johan Galtung para abarcar el fenómeno de la “cualidad violenta” a través de sus distintas expresiones y en el que interviene exponencialmente la mera lógica, como ocurre en gran cantidad de teorías elaboradas por sociólogos. Sucintamente, nos encontraríamos ante tres tipos de violencia: directa, cultural y estructural.
Las dos primeras tipologías no requieren de excesivo esfuerzo sintético, la directa se corresponde con la acción humana y visible de inflingir un daño, y la cultural es la reproducida a través de los símbolos clásicos del ámbito (arte, medios de comunicación, ciencia, educación, etc). En cambio, la violencia estructural es el mal endémico y silencioso de nuestra era.

El término violencia estructural es aplicable sobre aquellas situaciones en las que se produce un daño en la satisfacción de las necesidades humanas básicas (supervivencia, bienestar, identidad o libertad) como resultado de los procesos de estratificación social, por tanto, no hay la necesidad de violencia directa, ni tan siquiera a veces de la cultural que frecuentemente se encuentra a su servicio. En conclusión, sufrimos violencia todos los días, desde que suena nuestro despertador hasta que nos acostamos 14 horas más tarde, tras pasar la mayor parte de nuestra vida esclavizados en un trabajo por un salario que nos permita “vivir para seguir trabajando”, fin de toda retribución proletaria; o en el caso de ya el 25% de los ciudadanos, buscando poder entrar en esa rueda perversa para lograr subsistir. Es un proceso indirecto, invisible y costoso de identificar, especialmente por la"gran mentira" de la “gran verdad” institucionalizada. Y creerme, conceptualmente sigue existiendo la "legítima defensa" contra todo acto violento.

A pesar de ello, desde aquí y sin poder extenderme más por cuestiones de espacio, quiero hacer una reflexión para la esperanza, los conflictos, entendidos erróneamente como algo negativo, son connaturales a las relaciones humanas y muy positivos en tanto que deben implicar un cambio; cuanta mayor dimensión cobre  el problema, mayor transformación asumiremos resolviéndolo.
Se han cambiado muchas veces los actores, tal vez ha llegado el momento de tener un guión nuevo. En el año 2012, con un planeta que dispone de recursos suficientes para los 7.000 millones de personas que lo habitamos, las naciones “desarrolladas” hemos llegado a la crisis…sólo erradicando la violencia estructural evitaremos la miseria económica, y sobre todo moral. 

                                                                                             José Manuel del Río

domingo, 6 de mayo de 2012

CRÓNICAS DESDE LA RESISTENCIA: LONDON IS THE REASON


En aras a la sinceridad, pocas veces pensaba en retomar el blog y su modesta pretensión divulgativa; los últimos meses han estado mediatizados por la apertura de mi despacho, un par de casos “difíciles” y la omnipresencia de la tesis doctoral, que aunque de forma incipiente, ya se va irrogando de un cierto valor a efectos académicos. 
He hecho algunos viajes que merecerían este artículo, pero en esa vorágine personal a la que me vi sometido, no saqué ni tiempo ni ganas para ello; igualmente el estreno de mi pequeño local en el Barrio de Gracia debería haber tenido su acogida en esta web, pero de la misma forma lo he ido postergando... Así que, un vuelo bastante aburrido de Gatwick a Barcelona, me ha determinado a que saque el portátil y comente algo sobre mi estancia en Inglaterra.

Hacia años que no pisaba estas islas, incluso siendo un destino recurrente entre mi circulo social; por ello y una vez  que gran parte de mi “emigración gallega” ya ha buscado nuevos horizontes, seguramente el viaje ha llegado tarde; todo lo tarde que pueden llegar unos días en Londres.

Aterricé un miércoles, en mitad de la semana y en mitad de otras tantas cosas. Mi socio me esperaba en Victoria Station, allí perdí momentáneamente la cartera y con ello la calma que requiere el “dia inicial”, pero la diligencia de Zadek, el gerente de Gatwick Express, fue tal, que una hora después era remitida en tren por su homónimo de la ruta Southern Line, el maldito lugar donde la había dejado olvidada en una cabina telefónica. Con un “this is england” intenté expresar mi infinito agradecimiento al desconocid@ que la puso a disposición de la oficina de “left luggage”; Zadek repitió la frase litúrgicamente, y empezó a contribuir a desterrar de mi cabeza el estereotipo de inglés “low cost” que he venido padeciendo estos años atrás en Ibiza, Tenerife, y cualquier otro sitio bendecido por playa y sol que haya frecuentado.

Mi hogar para la semana se encontraba en Stepney Way, zona 2 configurada por edificios que me recordaban a la película “Attack the block”; de población mayoritariamente hindú no acabé de ubicar ante que tipo de barrio me encontraba, pero pude confirmar la perpetua descompensación entre el binomio calidad-precio que ostenta la capital británica.

La noche inicial me llevó a Brick Lane, enclave en apariencia pujante de la escena londinense. Un ordenamiento urbanístico con mucho encanto,  alberga algún club a destacar, como el 1001 o el 93, tiendas de ropa vintage, y toda clase de puestos de “pastelitos indios”, deliciosos allí, en Barcelona y en cualquier lugar del mundo seguro; soy fan declarado.

Al mediodía siguiente amanecimos con la idea de la visita de rigor a Candem Town; puedo decir que sigue siendo una parada obligatoria, pero no veo el romanticisimo que creo guardaba antaño. Los puestos de tatuajes con su “prohibido cuello, cara o manos” dejan claro ante lo que estamos, supuesto “underground” enlatado para turistas, adolescentes o “rebeldes” de una semana; sin compromiso, sin complicaciones y sin militancia. Efectivamente, un producto de “mercadillo“.
Después de cenar nos acercamos al Soho, buscábamos un par de referencias electrificadas como el “Twelve” o el "Crobar"; lamentablemente la agenda musical nos fue del todo desfavorable, la gente de Rucktion Records justo programaba el día de mi marcha, y lo que encontramos fue a "esto" versionando algunos “hitos” del punk con desigual resultado. El resto del barrio es una zona de ambiente gayfriendly, con aparentes signos de exclusividad y muy cara; seguro que si rascas la superficie encuentras cosas interesantes, pero no fue nuestro caso.

El tercer día estaba dedicado a la bicicleta. Con escasas horas de sueño, nos lanzamos a una frenética visíta a golpe de pedal por todos los "totems" de Londres. Desde Buckingham Palace y la vergüenza ajena que produce, al Big Ban o Westminster Abbey, para acabar en el clásico London Eye; debo reconocer que la orilla del Támesis tiene mucho encanto, el TATE o el teatro de Shakespeare son buena prueba de ello. Al caer el sol nuestra indefinición nos acabó llevando a Chinatown, y por ende, a un club de poker bastante turbio, como tiene que ser; el "Fox club". Me dieron el número 13 en el guardarropa, a partir de ahí huelga decir nada del resto.













La mañana siguiente lo que quedaba de nosotros se acercó a Portobello Road, muy agradable el mercadillo, con puestos de comida buena y barata, antiguedades, y algún artista callejero en un entorno, él de Notting Hill, realmente bonito. Y poco más, vuelta a Barcelona a seguir peleándome por sacar mis proyectos personales y profesionales adelante.

Para cualquier análisis exhaustivo y de verdadero valor sobre la capital británica acudir a la web de mis amigos de combatlondon, ahí sí se os destripan exponencialmente todas las posibilidades de esta gran ciudad. Las fotos "diurnas" que cuelgo son sacadas con mi móvil, pido benevolencia ya que es la unica forma de que no venga ninguna sanguijuela a hablarme de derechos de autor. Un saludo!


domingo, 12 de junio de 2011

CRÓNICAS DESDE LA RESISTENCIA: CEUTA

Estos días no he tenido ni un minuto para subir artículos al blog, y desde luego están pasando cosas que aquí requerirían de nuestro modesto eco. Al margen de todo ello, a destacar la vuelta por motivos profesionales que me tuve que dar por Ceuta hace unos días. Ahí va mi pequeña crónica.

Ir a la Ciudad Autónoma de Ceuta desde Barcelona precisa de cierto despliegue, en mi caso tomé un avión hasta Málaga y de allí un helicóptero hasta mi destino. La otra opción sería bajar a Algeciras y cruzar el estrecho en barco, pero a una mayor inversión de tiempo se le unía el mareo que me produce subirme a cualquier embarcación; además, a estas edades ya cuesta encontrar experiencias nuevas y el helicóptero desde luego lo era.




Después de 25 minutos de vuelo, que me permitió sacar alguna foto interesante desde el móvil estaba en tierra ceutí.






En aras a la sinceridad, lo primero que me sorprendió fueron sus modestas dimensiones, con apenas 5 km de distancia a la frontera con Marruecos, Ceuta se configura como una pequeña ciudad enclavada entre el mar en la llamada península de Almina. Los datos refieren unos 80.000 habitantes, aunque esa cifra pueda parecer muy optimista a primera impresión; en todo caso existe gran cantidad de población flotante y funcionarial por las circunstancias obvias, que seguro que hacen fluctuar los valores demográficos constantemente. La esperada influencia magrebí fue una de las primeras impresiones que pude captar con el móvil.





La preceptiva vuelta de reconocimiento, me descubrió una pequeña playa urbana y diferentes edificios destinados a los cuerpos policiales, Guardia Civil, Policía Nacional y como no la Legión, que contaba con un museo a escasos metros del paseo marítimo; me llamó poderosamente la atención su lema "Legionarios, a morir".





La zona de ocio se concentraba al lado de la réplica del "Parque Mediterráneo" de Cesar Manrique; como el que suscribe ha estado mucho por Canarias, he de reconocer que toda mi estancia en Ceuta me trajo reminiscencias del archipiélago, tanto a nivel estructural como incluso de las modestas percepciones culturales que me permitió mi corta estancia.

Me recluí en el hotel para preparar el juicio, y mi habitual insomnio me acabó permitiendo disfrutar de una sesión de Kraftwerk a altas horas de la madrugada por los 40 TV!! semejante bodrio de cadena parece que se permite el lujo de programar música de calidad con ánimos intempestivos.




La mañana siguiente la pasé esperando una vista que al final se suspendió, con lo que toda aquella travesía dejo de tener cierto sentido y me convoca de nuevo para el mes que viene en la Ciudad Autónoma. A destacar la especial configuración que tienen los Juzgados de lo Penal enclavados en una especie de centro comercial, la aparente falta de medios era suplida por unas funcionarias sumamente agradables, ironías del mundo de la justicia. Volveré a ver sus sonrisas dentro de treinta y tantos días.




viernes, 28 de enero de 2011

CRÓNICAS DESDE LA RESISTENCIA: ENSAYO SOBRE EL UNDERGROUND


Voy a aprovechar esta sección en la que se empezaron relatando viajes personales con cierto trasfondo sociológico, para ampliar la temática del blog, dejar de encorsetarme en aspectos jurídico-penales que me consta que a muchos de mis lectores "amigos" no les interesan tanto, y así extender el espíritu del "Derecho de Resistencia" a planos muy alejados del mundo del derecho. Al fin y al cabo en un ejercicio comunicativo como este, han de aflorar aspectos e inquietudes personales, tanto a nivel particular como en el de mi entorno.

La idea de una especie de ensayo sobre el término "underground" y las connotaciones que se puedan derivar de él, viene de una charla entre amigos, en la que salía a colación este sustantivo para denominar los eventos promocionados por uno de ellos, y donde estando todos de acuerdo en que captaba bien la esencia de su actividad, surgieron interesantes cuestiones sobre lo que podía introducirse dentro de tal palabra, y lo que por su naturaleza debería permanecer fuera, el "enemigo"

Resulta pacífico que por el vocablo inglés "underground" , entendemos la referencia a los movimientos que se consideran paralelos, contrarios o ajenos a la cultura oficial. Buscando alguna referencia histórica, encontramos que se utilizó en diferentes expresiones de resistencia como la red de rutas clandestinas por las que los esclavos africanos trataban de abandonar Estados Unidos en el siglo XIX, o curiosamente mas tarde también para los grupos que permitían huir a Canadá a los objetores de conciencia norteamericanos durante la Guerra del Vietnam; dos caras de la misma moneda, antagónicas por su propia naturaleza pero que sin embargo el paso del tiempo las consolidó como semejantes.




A partir de aquí el termino se empieza a utilizar para designar a todo tipo de subculturas, hippies, mods, punks, grunge, hardcore...todos se tildaban orgullosos de ser "underground". Una vez situados en este punto del debate, voy a realizar un análisis desde dos planos bien diferenciados:


-Desde la psicologia cultural: como bien he señalado la etiqueta underground es reclamada (volvemos al ejemplo de mi amigo) como orgullosa seña de identidad por cualquier movimiento artístico ajeno a la llamada "cultura de los normales". Ese fenómeno es indicativo en la también denominada "construcción del nosotros", una experiencia psicológica que entiende la visión subjetiva de grupo como una necesidad de conformar unas características diferenciadoras del "ellos", ya sea por reafirmación de unos valores propios particulares o por la denostación de los generales. Es decir a nivel mas abstracto, que para entender la formación y las características psicológicas de las personas tenemos que recurrir al estudio de los contextos en los que, directa o indirectamente, estos participan; y para entender la cultura tenemos que recorrer a los sentidos y significados que los hombres y mujeres construyen.





Cualquier movimiento cultural conlleva la asunción de una serie de cánones, y a través de ellos una experiencia y problemática psicológica particular. Obviamente el "underground" reside en unos patrones alternativos que requieren de una divulgación, aunque sea en un circuito cerrado, para su asunción por parte de una pequeña comunidad ajena a los parámetros imperantes, y en la cual esa aspiración de diferenciación resulta tan importante como la propia expresión artística. Con lo que bajo mi opinión, cualquier significado que traspase esa barrera y se difunda en la generalidad cultural ha de ser inmediatamente denostado por los emisores; independientemente de la calidad del contenido hemos de renovarlo para dejarlo en la esfera sociológica paralela.



-Como expresión artística: enlazando con la disertación anterior, cito en mi apoyo a Hakim Bey en "Temporary Autonomous Zone": "Tan pronto como un TAZ es nombrado -representado y mediatizado- debe desaparecer, desaparece de hecho, dejando tras de sí un vacío, resurgiendo de nuevo en otro lugar, e invisible de nuevo en tanto indefinible para los términos del Espectáculo"

Pienso que en la actualidad no debemos extender el significado del "underground" mas allá de una mera divulgación artística, sea de la forma que sea pero eliminando eventuales connotaciones políticas que bajo mi criterio han de seguir otra denominación y forma. Cualquier artista que se desmarque de los circuitos de comercialización, que apueste por permanecer fuera del corporativismo y del mainstream es susceptible de ser adjetivado como "underground", independientemente del contenido de su expresión. En esta tesitura, se podría definir como tal el mensaje que permanece oculto a la Babylon pero es apreciado por el Ghetto.





Para visualizar con un ejemplo toda esta idea, me voy a referir a Banksy. El grafitero inglés es un meridiano representante de la transición underground-mainstream por encima de un mensaje que personalmente considero de calidad y alternativo. Pocas actividades pueden exhibirse tan paralelas como el arte del grafitti; callejero, proscrito y perseguido hasta la saciedad.



La obra del británico tenía todo para permanecer como icono de la contracultura pero ha sido tal el reconocimiento de sus trabajos que ha derivado en: una película, una entrada para la serie Los Simpsons, ropa y todo tipo de artículos direccionados bajo el "mainstream"; insisto independientemente de las connotaciones que sigue transmitiendo su labor, está marcado para la subcultura habiendo trasladado su repercusión a la generalidad de individuos de los que tanto se intenta marcar una separación en estas lides.

En conclusión independientemente del fondo del movimiento, la forma es la que califica lo que es "underground". A pesar de ello el contenido es un claro indicador de los visos de ajenidad a la cultura oficial que presenta una determinada expresión, existen unos cánones definidos en las preferencias de la generalidad del público que permiten apreciar indiciariamente si una determinada obra está destinada por y para su comercialización, algo fácil, edulcorado e intranscedente como demanda la mayoría de la sociedad será como decia aquel "3, 2 o 1". En cambio una obra entregada desde la convicción personal, compleja, poliédrica, con aspiraciones de mover conciencias, fruto de la experimentación y a la que muchas veces solo se puede llegar a entender por medio de la evolución personal permanecerá ajena al gran público. Y que así siga siendo.

Finalizo con la famosa frase de Frank Zappa "La cultura oficial sale a tu encuentro, pero al underground tienes que ir tú"


miércoles, 8 de diciembre de 2010

ALARMA

No me gustó ver a miles de ciudadanos, de trabajadores, agolpados en los aeropuertos del estado sin poder disfrutar de su "puente" en un contexto tan complicado como el actual. No me gustó que el gobierno declarase el Estado de Alarma por primera vez en democracia para liquidar una huelga.



Respecto a los controladores admito mi falta de conocimiento sobre sus demandas concretas y la situación laboral que dicen sufrir; pero solo sé que no los vi el 29 de septiembre. Los considero una especie de lobby del sector aéreo (bien remunerado en todas sus vertientes) grandes sueldos y grandes responsabilidades que los alejan de cualquier empatia con el individuo medio y con una manifiesta incapacidad para generar solidaridades fuera de su gremio.

Pero sobre lo que quería brevemente tratar era sobre la declaración del Estado de Alarma y la polémica surgida a partir de la supuesta "militarización" de personal civil. Para ello y de forma muy concisa pretendiendo no aburrir con tecnicismos arrojare los siguientes datos y artículos:

- Artículo 117.5 de la Constitución: "La ley regulará el ejercicio de la jurisdicción militar en el ámbito estrictamente castrense y en los supuestos de ESTADO DE SITIO, de acuerdo con los principios de la Constitución"

- Artículo 4.c) de la ley orgánica de estados de alarma excepción y sitio, que, en efecto, posibilita tal declaración cuando se produce la paralización de servicios públicos esenciales, pero que exige, también, algo que en este caso manifiestamente no se ha dado: que concurran, además, algunas de las circunstancias contenidas en el propio precepto (calamidades publicas de carácter natural o accidentes de gran magnitud, crisis sanitarias o situaciones de desabastecimiento de productos de primera necesidad). Esa no concurrencia convierte la declaración en ilegal

- El Art. 10 de la citada ley dice que el incumplimiento de las órdenes del Gobierno será sancionado "conforme a las leyes", sin especificar si se aplicará el CP ordinario o el Militar. Obviamente la aplicación de uno u otro vendrá determinada por la sujeción del infractor a una u otra ley en virtud de su condición civil o militares.

- El Gobierno ha desoído todas las leyes anteriores, incluida la Carta Magna, la Constitución para ampararse en el Real Decreto 1673/2010 por el que se declara el estado de alarma, justo en su artículo 3 que "En virtud de lo dispuesto en los artículos de de la Ley Orgánica 4/1981 en relación con el artículo 44 de la Ley 48/1960, de 21 de julio, sobre Navegación Aérea, todos los controladores de tránsito aéreo al servicio de AENA pasan a tener, durante la vigencia del Estado de Alarma, la consideración de personal militar a los efectos de lo previsto en el artículo 10.

Por lo tanto y a modo de corolario:

1. No puede aplicarse el Código Penal Militar a los controladores, ni falta que hace, se aplica el Código Penal ordinario. Un eventual delito de desobediencia grave

2. El Código Penal Militar se puede aplicar a los todos civiles ÚNICA Y EXCLUSIVAMENTE durante el estado de sitio y en caso de conflicto armado, en ambos casos de forma limitada en virtud de lo dispuestos por el congreso. Sólo se aplicaría íntegramente a quienes, en iguales casos, tuviesen la condición de militar por haber sido movilizados (militares en reserva) o militarizados (civiles asimilados a militares).

3. La militarización de los controladores aéreos en estas circunstancias es claramente INCONSTITUCIONAL

El trasfondo de todo esto se ha mencionado anteriormente y estoy seguro de que ha disgustado a la izquierda del PSOE, una disposición gubernativa que echa manos del Ejercito para frenar una huelga...da cuanto menos que pensar y que temer en posteriores situaciones paralelas.

miércoles, 4 de agosto de 2010

LA DENUNCIA Y LA QUERELLA

Me llena de satisfacción cuando alguien se ofrece a colaborar en el blog, creo que es el camino para que se mantenga perpetuamente activo y el flujo de entradas no decaiga a los pocos días de subir un artículo propio, unos números que por otra parte están siendo bastante buenos y en cierta forma justifican lo que modestamente aquí se hace.
Mi buen colega Eloi Castellarnau nos relata brevemente el concepto de denuncia y querella y especialmente sus diferencias. Suele ser habitual que la generalidad de la gente desconozca las formas de comunicar un hecho aparentemente delictivo mas allá de esperar la cola en la comisaria de turno, así que considero que desde su sencillez es un artículo ciertamente interesante y útil para los no versados en Derecho Penal.







La querella y la denuncia vienen reguladas en el Libro II, título I y título II de la ley de Enjuiciamento criminal (art. 259 y siguientes).

Analizaremos brevemente las principales diferencias, siendo este tema de muy extensa envergadura, me limitaré aquí a ofrecer unas pinceladas.

La denuncia:
a) Obligado a presentarla, para cualquier persona que presenciare la perpetración de cualquier delito público (en contraposición a uno privado como podrían ser las injurias que sólo de pueden perseguir de parte).

b) Donde se presenta? ante el juzgado más próximo o bien ante cualquier oficina de la policía (bajo pena de multa, así que veis pispar la cartera, ser buenos ciudadanos e ir a denunciarlo…)

c) Están exentos de denunciar, los impúberes y los discapacitados, por norma general, además de cónyuge, ascendientes y descendientes e hijos naturales del delincuente.

d) Los abogados estamos exentos de denunciarlo (aunque en algunos delitos, hay normativa europea que obliga al abogado a la denuncia del mismo)

e) Las denuncias pueden hacerse por escrito o de palabra. en caso de ser por escrito, deberán ir firmadas por el denunciante.

La querella,

a) Todos los ciudadanos que haya sido ofendidos o no por un delito, pueden querellarse. (pero a título personal, eso es relevante porqué por muerte o por no accionarla dentro del plazo hábil, la querella queda renunciada)

b) Donde se presenta, la querella sólo se puede presentar ante los juzgados de instrucción.

c) Forma, la querella siempre se presenta con abogado y procurador (con poder), y debe incluir 1) Juez y tribunal competente, 2) identificación de los sujetos (querellado y querellante) en la denuncia no es preceptivo que se identifiquen, porqué puedes no conocerlos, 3) la relación de los hechos, 4) las diligencias a practicar 5) la petición de que se admita la querella 6) la firma del querellante.

d) En los delitos perseguibles sólo de parte (excepto rapto y violación, se debe celebrar una conciliación previa)

e) Al querellante se le puede exigir fianza.

En definitiva, la denuncia es un deber, es más abstracta y menos formalista, con más maniobra para todos sus trámites- la querella es más personal, más ceñida a unos hechos y sujetos concretos, es más rígida y por lo tanto hay que ir con más cautela a la hora de presentarla. El tema daría para mucho más, pero en un post no puede resumirse de mejor forma.

Eloi Castellarnau

Abogado Penalista

domingo, 25 de julio de 2010

DÍAS EN MOSTAR (II)



Dejaba el relato de nuestra estancia en Mostar, y todo lo que ella ha conllevado, en el momento en el que me disponía a comprar una camiseta de la selección Bosnia de futbol; ese hecho banal y desprovisto de cualquier connotación que pudiera otorgarle la mas mínima relevancia ,fue lo que me permitió conocer a Goran.

Goran regentaba un pequeño puesto con equipaciones de futbol, bufandas y banderas, como cualquiera de los que nos encontramos en las inmediaciones de un estadio los días de partido; era un hombre corpulento, alto y bastante pasado de peso; reparabas rápidamente en los dos tigres que llevaba tatuados en los antebrazos, aunque en cuanto articuló dos palabras lo que nos llamó necesariamente la atención fue su rostro demacrado y sus ojos fuera de órbita.

Le inquirí sobre si vendía material auténtico o lo que allí exhibía eran meras imitaciones, a nuestro amigo bosnio no le agradó especialmente la pregunta y me contestó en un perfecto inglés "¿cuanto vale esa camiseta de los Lakers que llevas puesta?", yo le expuse que me la habían regalado (aún encima soy seguidor de los Celtics), pero el insistió en un tono casi agresivo "¿que dinero habrá pagado el que la compró?", y la verdad no quería ponerme a discutir con aquel tipo de los euros que mi ex novia se habia dejado en la camiseta de marras, que seguro que tampoco eran tantos y simplemente le dije "déjame probar la talla L".

En cuanto saqué la cartera llegó la distensión a aquel puesto de venta, me explica amablemente que esas camisetas en Sarajevo las vende como auténticas pero que se trata de una réplica perfecta y que no veré en Mostar ni una sola original. Cuando llegó el momento de pagar le dije que mis euros tampoco eran auténticos, que era el intercambio justo dadas las circunstancias, de forma sorpresiva mi peculiar interlocutor empezó a dar unas carcajadas dignas de cualquier película de terror. Con la actitud propia de quien aprovecha cualquier detalle para escapar de su rutina cerró su pequeña tienda y se vino a tomar unas cervezas con nosotros.

Supimos después de dos horas de conversaciones de todo tipo y objeto, que Goran perdió a su padre en el frente y que su madre y su hermana habían sido asesinadas durante la guerra en Mostar, en su propia casa, le atormentaba especialmente no saber quien las mató y que tal vez sus asesinos sigan paseándose por la ciudad, una circunstancia que el decía seguir investigando 16 años después y que ofrece una idea de la necesidad de venganza como el pilar fundamental de su vida. Él no estaba de acuerdo con la paz, había soñado un país libre para todos y le superaba el hecho de que ese país se viese reducido a su barrio musulmán de escasamente unas 2.000 personas, cualquier salida casual de ese limite era de imprevisibles consecuencias y la mayor muestra de que la fecha oficial del fin de la guerra en el año 95 era una falacia.





Empezaba a caer la noche en la ciudad y las historias de mi nuevo amigo no tenían fin, afortunadamente la charla siempre discurrió con un cierto tono jocoso y una palmaria reciprocidad de información sobre nuestras vidas, imagino que se debió sentir realmente cómodo con nuestra presencia ya que nos invitó a cenar a su casa. Su hogar era una pequeña vivienda taladrada por las balas, obviamente aquí no íbamos a sacar ni una foto pero si la entrada era sobrecogedora, ver los agujeros correlativos en el minúsculo salón no tenia parangón con nada de lo que observabamos en las calles, relacionar aquella habitación con la terrible historia que hace unas horas nos había contado Goran supuso un shock para nosotros.


Afortunadamente la locuacidad del anfitrión nos permitió abstraernos del entorno, algo que no consiguió con su bienintencionada cena, de nuevo arroz y carne picada; cuando el reloj se fue casi a las doce de la noche volver a Dubrovnik con el cansancio y cervezas acumulados se tornó un gran problema que aquel hombre detectó enseguida ofreciéndonos pernoctar allí. Es habitual por aquellas tierras hospedarse en lo que llaman "Sobes" (habitaciones dentro de su propia casa) dada la carencia de plazas hoteleras y la peculiar manera de entender el turismo de los oriundos de la zona, así que la invitación fue aceptada con total naturalidad.

Soy una persona a la que le cuesta conciliar el sueño en condiciones normales, con lo que en ese contexto sufrí deliberadamente para descansar. Cuando nos dimos cuenta la luz ya entraba tímidamente por la ventana y Goran cantaba algo indescifrable en la ducha, era el momento de levantarse y nuestro amigo tenía una última sorpresa, el Talbot rojo aparcado enfrente de su puerta era el antiguo coche de la familia, y con una sonrisa de oreja a oreja nos invitó a dar una vuelta por los pequeños montes que rodean a Mostar.





La vuelta turística se completaba con comentarios del tipo "aquí mataron a mis vecinos" o " en este enclave hicieron una emboscada a los serbiobosnios", realmente a estas alturas ya no les daba especial relevancia a estos relatos, la guerra parecía haber estado conmigo mucho más tiempo que apenas un par de días y la adaptación del ser humano a cualquier entorno era una máxima indubitada.




Goran tenia que volver a abrir su pequeño negocio y nosotros regresar a Dalmacia, todavía nos quedaban un par de jornadas de viaje por Montenegro. Un efusivo abrazo y el intercambio de todo tipo de números, correos y demás sellaron nuestro agradecimiento.

Quisimos hacernos una foto con él de recuerdo pero no lo permitió...la situación en Mostar sigue teniendo muchos misterios para el extranjero.

miércoles, 21 de julio de 2010

DÍAS EN MOSTAR


Recuerdo el impacto mediático que supuso el conflicto bosnio y la guerra de los Balcanes en la sociedad europea. En el año 93 todo el mundo giró la cabeza hacia la Ex Yugoslavia, nos estremecía que a 500 km de Roma, casi en el corazón de la Vieja Europa, gente de raza blanca estuviese inmersa en una pseudoguerra civil que luego adquiriría tintes genocidas. Era tan difícil imaginar una situación de tal calibre en los 90 que ni tan siquiera se pudo dar una respuesta a tiempo por parte de la OTAN con lo que la barbarie se prolongó hasta los Acuerdos de Dayton, 3 interminables años después, conjugado todo ello con el corolario de los Juicios del Tribunal de la Haya contra los líderes serbios hace escasas fechas.


Los presupuestos que habilitaron lo expuesto, como bien dijo nuestro casero croata Mladen “son demasiado complicados como para que se entiendan ahí fuera”, no obstante a modo de explicación indiciaria quiero señalar algunos de ellos. La extinta República de Yugoslavia era un amalgama de etnias que Tito se encargó de apaciguar bajo su mando; históricamente croatas y serbios han sido las más representativas, con un enfrentamiento constante (hasta el punto de influenciar de forma decisiva el inicio de la I Guerra Mundial) y que aprovecharon el fin de la URSS y la primitiva iniciativa de independencia de Eslovenia para la creación de sus respectivas naciones, un proceso que conllevó un enfrentamiento bélico para determinar las fronteras de los nuevos estados y su composición demográfica. En esa tesitura, el pueblo bosnio, multiétnico y multireligioso por naturaleza, declaró también su propia autodeterminación, circunstancia con la que los serbios mostraron su disconformidad mediante una guerra civil con acciones genocidas como la de Srebrenica (8000 bosnios asesinados) lo que nos remite directamente a la situación temporal del párrafo anterior y a la importancia de la batalla de Mostar en el conflicto.




Casi sin querer, después de organizar con un par de amigos unas vacaciones de ocio por la costa croata acabé inmerso en aquel escenario, en aquel puente de Mostar tantas veces reproducido en los telediarios y erigido como símbolo de la reconstrucción actual de la ciudad. Aquello no es más que una fotografía, lo que pude vivir en Bosnia nada tiene que ver con lo que representa tender puentes y me ha supuesto una especie de catarsis vital que debe llevar inexorablemente a la relativización de nuestras problemas domésticos.

Llegamos allí en un modesto coche alquilado el 16 de julio, casi 3 horas desde Dubrovnik para recorrer solo 140 kilómetros de distancia, las pésimas carreteras y los cuatro controles fronterizos impedían ganar ni un solo minuto de tiempo. Cuando entramos en Bosnia el paisaje y las edificaciones se tornaron sutilmente más rurales a la vez que el termómetro del coche se iba casi a los 40 grados, todo ello conjugado con las inexistentes horas de sueño que traíamos de los dos días anteriores pudo hacer que la llegada a la ciudad tuviese bastante de onírica; no hay tiempo para asimilar nada, vienes de la banal costa de Dalmacia y sus bares de música comercial repletos de aspirantes a modelos y entras de inmediato en un paisaje apocalíptico lleno de metralla, agujeros de bala y casas reducidas a escombros; sin espacio para las presentaciones estábamos en Mostar.





La ciudad es de unos escasos 100.000 habitantes y por lo tanto bastante pequeña, con lo que prácticamente sin darnos cuenta llegamos a la zona antigua y aparcamos el coche; nuestro primer contacto con un bosnio se deriva de ese hecho, los “gorrillas” no entienden de nacionalidades y han adquirido una universalidad digna de respeto, así en un inglés cuestionable el sujeto nos dice que hemos de dejar unas cuantas “kunas” para que vigile el coche pero revestido de una formalidad impecable al darnos una especie de ticket como contraprestación por sus servicios. Aprovechando que la conversación discurre por un cauce amable le pregunto por un par de localizaciones y la situación actual de la población a nivel social, el individuo coge confianza y nos relata “hace años todo el mundo se volvió loco, ahora vivimos como nos permite el recuerdo”, un apretón de manos y una amplia sonrisa nos despiden de él tras las indicaciones de cómo llegar al puente.




Inmediatamente después nos adentramos en la zona antigua, el aspecto es bastante bueno, unas cuantas terrazas y algunos puestos de venta de artesanía local confirman que existe cierto turismo en este enclave. Después de 200 metros llegamos al mentado puente Stari Most, aquí la vista sí que es casi idílica, piedra limpia, aguas cristalinas y un trampolín desde el cual un par de saltadores hacen todo tipo de piruetas ante el aplauso de unos cuantos espectadores.





A la izquierda un trozo de mármol con la inscripción “don´t forget 93” nos devuelve a la realidad, justo a su lado se encuentra la entrada de lo que reza ser el “museo de la guerra" , nuestra curiosidad de momento no es tanta como para pagar los 5 euros que pide amablemente la chica del hall teniendo en cuenta lo poco que prometía el lugar, pero inevitablemente vemos las fotos de la guerra que adornan la recepción, muestran sangre, civiles muertos, militares hablando al lado de una pila de cadáveres, escombros…su tragedia se ha convertido en negocio para alguno 15 años más tarde.





Tras cruzar el puente, nos aguardan otro par de calles llenas de terrazas y puestos, aquí con más relevancia en cuanto a artículos militares de todo tipo y siempre con una simbología comunista; para cuando nos hemos dado cuenta se ha acabado el “oldtown” y ya estamos de nuevo ante esqueletos de edificios y agujeros de bala por doquier. Pero algo ha cambiado, aquí proliferan las barbas y la gente con túnica y de repente se nos hace patente la división de Mostar, de un lado la parte bosniocroata católica y de la otra la puramente bosniaca de corte musulmán. Dicen los libros que para contrarrestar la ofensiva serbia, los bosnios se aliaron con los croatas para derrotar a su enemigo histórico logrando expulsarlos de la ciudad en el año 93; sin embargo esa unión fracasó a la hora de perpetuar el paisaje multiétnico que siempre había conformado la localidad y los croatas bombardearon el puente para sitiar a sus vecinos musulmanes . La barbarie continuó hasta la intervención de fuerzas internacionales cuando la situación llego a una calma ficticia que perdura hasta hoy.




Pasaban unas horas del mediodía y desde luego que ya era momento de comer . Otro par de vueltas buscando un sitio donde poder degustar algo típico de la zona y finalmente llegamos a una especie de buffet de comida bosnia, el camarero dice hablar francés, italiano, español y realmente dudo de que si tan siquiera supiese hablar, la comunicación se hace difícil pero finalmente nos pone un mixto de unas cuantas raciones que tenían allí preparadas,en teoria era "cocina halal" que podiamos definir como arroz y carne picada en todas las presentaciones posibles, imagino que se trataba de cordero dado que estábamos en la parte musulmana pero nos resultó imposible de descifrar. Los postres correctos, los flanes son iguales en todo el mundo.




Al salir de allí, observamos una pequeña tienda que vende camisetas de futbol, bufandas y toda la parafernalia, siempre me gusta llevarme una del sitio que visito así que me decido a entrar buscando la equipación titular de Bosnia, por supuesto esperando que se trate de una imitación a buen precio. Y desde luego, nunca pensé que el hecho de comprar una simple camiseta iba a cambiarnos tanto la estancia en Mostar...pero eso queda para el siguiente artículo.

martes, 20 de julio de 2010

DESDE ARGENTINA: EL PACO

Siempre es un placer para mi que haya gente que quiera colaborar con el blog y aportar su grano de arena a esta modesta iniciativa, esa sensación crece exponencialmente cuando el contenido que se pone a disposición es de incuestionable calidad e interés. Mi buen amigo y abogado Nicolas Maggi inaugura su sección "Desde Argentina" con la presente entrada, teniendo por seguro que mas adelante habrá ocasión de hablar en profundidad sobre drogas en este espacio y todo lo que se deriva de uso y la ingente afectación en el sistema penal que produce su vigente regulación. Sirva por lo tanto el presente como fuente de conocimiento de la situación en Argentina. Os dejo con el artículo






Por Nicolás Maggi. Abogado.

El tema objeto de esta colaboración en Derecho de Resistencia versa sobre el Paco, una droga de bajísima calidad, altamente adictiva y dañina, asimilada en parte al “Crack”, que está haciendo mella en la clase más baja de la sociedad argentina y, lentamente pero sin pausa, subiendo a estratos superiores, concretamente la clase media y media alta, contribuyendo así al aumento del delito, la marginalidad y la exclusión social.

Como corolario al tema central conviene comentar que hace apenas un lustro, el 25 de agosto de 2009, la Corte Suprema de Justica de la Nación Argentina, nuestro equivalente institucional al Tribunal Supremo español, en un fallo histórico y resuelto por unanimidad, afirmó que es inconstitucional castigar a un adulto por tener y consumir marihuana, si lo hace en un ámbito privado y sin peligro para terceros priorizando la protección de la privacidad y la libertad personal de los ciudadanos.

Concretamente, este fallo conocido como el “caso Arriola”, declaró la inconstitucionalidad del artículo 14 de la ley 23.737 que prevé una pena “…de un mes a dos años de prisión cuando, por su escasa cantidad y demás circunstancias, surgiere inequívocamente que la tenencia es para uso personal.” Entendiendo el alto tribunal que contradice el artículo 19 de la Constitución Argentina, conforme el cual “Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados. Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe”.

Es decir, lo que pena la ley no es, precisamente, el consumo, sino la tenencia de la droga. Lo que buscó este fallo fue sentar Jurisprudencia con el norte de proteger a quien usa drogas en su intimidad, claro, siempre y cuando no se ponga en peligro a terceras personas. Asimismo hay que remarcar que el veredicto solo se refiere a la marihuana, pero vale como indicio para determinar cuál es el camino de la Jurisprudencia del más alto tribunal argentino respecto del consumo personal de drogas, tal y como sucede con el “Paco”.

Hasta hace no mucho tiempo se creía que el “Paco” era un residuo de la elaboración del clorhidrato de cocaína, lo que lo asemejaba casi en parentesco directo al tristemente célebre “Crack”.

Un comité de expertos (integrado por reconocidos médicos, fiscales y jueces en lo penal e instrucción) que asesoran al gobierno argentino, liderado por el Dr. Carlos Damin, Jefe de Toxicología del prestigioso hospital “Juan Fernández” y profesor de toxicología de la Universidad de Buenos Aires, elaboró un informe (presentado ante la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires los días 10 y 11 de mayo del corriente) que se expresó en estos términos respecto de la fórmula del “Paco”, luego de analizar gran cantidad de dosis secuestradas en distintos procedimientos policiales:

“Descartamos que sea el residuo de la elaboración del clorhidrato de cocaína porque en los análisis químicos realizados hubo ausencia de sulfatos e hidrocarburos.”

Increíblemente, el mentado estudio concluyó que el “Paco” se elabora con sustancias medicinales de venta libre, extremadamente fáciles de obtener, como el bicarbonato de sodio y cafeína, aunque no se ha develado en su totalidad la fórmula de la droga, lo cierto es que si no se trata de un derivado del crack, estamos ante una nueva droga.

De hecho, la finalidad del informe es, desentrañando los ingredientes esenciales de este estupefaciente, optimizar la lucha contra este flagelo, aprobando una nueva ley de regulación de expendio y publicidad de medicamentos de venta libre, que a la fecha tiene media sanción de la Cámara de Diputados argentina.



>Algunos datos sobre el “Paco”:

1. Dosis. Pesa entre 0,01 y 0,03 gramos. Su composición consta de distintas sustancias como el alcaloide de cocaína, cafeína, bicarbonato de sodio y anfetaminas. El “Paco” se consume fumándolo solo o mezclado con tabaco, marihuana o ambos. Al componente activo de la droga solo le toma entre ocho y cuarenta segundos llegar al sistema nervioso central produciendo un inmediato estado de euforia que dura de dos a cinco minutos.

2. Efectos. El consumidor pasa por cuatro etapas bien concretas luego de consumir la droga. Inicialmente un estado de euforia, de disminución de las inhibiciones, seguido de un sentimiento de angustia, depresión e inseguridad (aproximadamente luego de cuatro o cinco minutos de consumida la dosis). Rápidamente se llega a la adicción, buscando mitigar esa sensación desagradable experimentada por el adicto luego de varios minutos de consumida la última dosis y finalmente una etapa de psicosis y alucinaciones, que en escasos seis meses, puede terminar en la muerte del adicto.

3. Los estudios realizados descartan que se trate del residuo de la elaboración del clorhidrato de cocaína.

4. El costo de la dosis asciende a seis pesos argentinos o un euro con treinta céntimos. En apariencia asequible, pero no debe olvidarse que un adicto puede consumir más de cincuenta dosis diarias, lo que lleva a los adictos de bajos recursos al delito o a prostituirse.

5. El comercio del “Paco” en la Argentina mueve más de 300 millones de euros al año, que supera largamente las ganancias de muchas industrias legales en el país.