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jueves, 3 de junio de 2010

LA CIENCIA DE LA TORTURA (II)



En el artículo antecedente exponíamos determinados y sorprendentes aspectos fácticos de las corridas de toros, todo un símbolo identitario español y que actualmente se halla sometido a un controvertido debate social, y en algunos casos también político, sobre su eventual ilegalidad.

Alegábamos ya allí la posible tipicidad penal de la conducta desarrollada en las corridas, el derivado sufrimiento que se le ocasionaba al animal y anticipábamos asimismo algunas claves sobre la adecuación social que permiten que se sigan desarrollando comportamientos como este en la sociedad actual.

Entrando en la necesaria explicación de que es la mentada adecuación social y como opera en el presente, en primer lugar deberíamos conceptuar tal expresión. Se alude en estos términos a la teoría elaborada por Welzel, ilustre dogmático alemán, según la cual no son típicas (castigadas con delito) aquellas conductas que se mueven dentro del marco del orden social histórico «normal» de la vida. Conforme a ella se aceptan ciertos criterios de interpretación que obligan restringir el alcance literal de los delitos tipificados penalmente, excluyendo aquéllos comportamientos que resultan socialmente aceptados, considerando que se practican ciertas actividades peligrosas, o lesivas, que se muestran como lícitas conforme a todo lo relatado. La adecuación social, en resumen promueve la impunidad de estos hechos que de otro modo podrían ser castigos mediante condena.

Hasta aquí el puro concepto dogmático pero agarrándonos de nuevo a la máxima de “ todo se entiende mejor con casuística ” vamos con un ejemplo tan claro como el ámbito deportivo. La práctica de ciertas actividades, futbol como muestra, entraña unas palmarias injerencias en los bienes jurídico-penales (integridad física en este caso) que se consideran socialmente adecuadas por el contexto y su pequeña lesividad. Ahora bien, citando en cambio el boxeo, no cabe duda de que implica una serie de lesiones dolosas y que incluso han derivado en algún “homicidio” en trágicas ocasiones, con lo que la gravedad material de estos hechos distan mucho de ser insignificante; a pesar de todo ello su significado social establecido impide que reciban un castigo penal , y basándose en una eventual causa de justificación o exclusión de la propia tipicidad siguen impunes.

Por todo ello voy a exponer el paralelismo que guarda todo lo relatado con la temática de los toros y detallar mi personal punto de vista sobre el particular. La Ley Orgánica 15/2003, de 25 de noviembre, modificó el art. 337 CP para introducir en él un nuevo delito de maltrato a los animales “domésticos”. La pena es la prisión de tres meses a un año e inhabilitación especial de uno a tres años para toda profesión u oficio que tenga relación con los animales.

Como se puede intuir la discusión llega con el significado del término “domésticos” dejando en apariencia fuera del tipo todas las injerencias lesivas de igual desarrollo en la fauna salvaje. No me cabe duda que con esta expresión se pretende excluir del precepto las corridas de toros, en las que palmariamente si tiene lugar el ensañamiento que prescribe el citado artículo. Es por lo tanto que tengo que sugerir una nueva interpretación de ese concepto, no puede tener acogida bajo mi prisma que un animal doméstico se equipare a un animal de compañía cuyo fin es únicamente la convivencia con el ser humano y guarde un mero carácter lúdico o en ciertas ocasiones funcional (perro lazarillo, ejemplo obvio). Propongo al respecto que los animales que dependen de las personas para la supervivencia de forma directa queden englobados dentro de tal alusión, independientemente del fin de su existencia, ya sea para cualquier tipo de consumo o utilidad; no veo mayor manifestación del dominio de la condición humana que el factor de decisión sobre la autonomía de los animales, y este precisamente se muestra con mayor contundencia en los supuestos que acabo de analizar, donde ningún afán de subsistencia para los mismos existe. Pensemos en si hay alguna ejemplificación mayor del significado de domesticar.

Con esta interpretación del precepto salvaríamos la eventual atipicidad de las corridas de toros en cuanto a situación legal. El otro caballo de batalla pasa necesariamente por la evolución de la adecuación social relativa; como ya hemos visto están permitidas ciertas conductas que eventualmente no dejan de ser delitos, por leves que sean, en atención a la tradición que los contextualiza como algo cotidiano y comúnmente aceptado. Que dicha adecuación va evolucionando a remolque de los cambios en la sociedad es una afirmación que se deriva pacíficamente de su propia naturaleza.

Por todo ello y reiterando que nos movemos en un panorama identitario cada vez más globalizado, y a nivel político desde luego marcado por una cada vez mayor europeización, no podemos extraer otra conclusión que la educación de las generaciones venideras en el respeto a la naturaleza, como una extensión de nuestra misma condición, conllevará necesariamente la desaparición de las corridas de toros bajo estos presupuestos analizados.

martes, 25 de mayo de 2010

LA CIENCIA DE LA TORTURA



El blog debe ser flexible y oportunista, en el buen sentido de la palabra, en cuanto las temáticas a tratar, por eso creo que es un gran momento para realizar un paréntesis en aspectos mas dogmáticos. Y la razón es que hace escasos días nos llegaban a través de los medios de comunicación unas imágenes, ciertamente escalofriantes, de la grave cogida del torero Julio Aparicio a manos de un toro en una corrida celebrada en la Plaza de Las Ventas. Del impacto que supuso en el ciudadano medio todos hemos oído conversaciones esta semana, pero mas allá de la mera “espectacularidad” del citado incidente y el hecho de que sorprendentemente el matador salvase la vida sin problemas, creo que en nuestra retina pocas veces se ha manifestado con tanta contundencia la barbarie que supone la llamada por algunos “fiesta nacional”.

Se ha puesto el acento sobre el sufrimiento lógico del torero lesionado, pero el mismo tiene que servir de acicate para concienciarnos sobre el correlativo del animal; nos conducimos inexorablemente a un contexto social donde estas imagenes no pueden tener acogida bajo ningún prisma. Quizás hayas oído que las corridas de toros son un arte, pero no lo es... “es una ciencia... la ciencia de la tortura” (permítaseme la cita) .

Como consecuencia, y casi a petición popular, voy a tratar algunos extremos sobre el actual debate en relación a esta materia. Desde mi absoluta posición de condena a esta presunta “tradición” en primer lugar expondremos algunos aspectos puramente fácticos de las corridas de toros, para en una posterior entrada tratar de la eventual responsabilidad penal que conllevan, de porqué no se castigan mediante el derecho en nuestros días y de ciertos debates paralelos que se quieren enarbolar como justificación para continuar con la tortura.


EL FRAUDE DE LA FIESTA


Resulta fundamental como antecedente poner de relieve algunos aspectos de tamaña “tradición”; evidentemente esta documentación se halla al alcance de cualquiera en la red y en un loable ejercicio democrático se está debatiendo al respecto en Catalunya a raíz de la iniciativa presentada para erradicar los toros en dicho territorio; cuidado con los estómagos sensibles, o mas bien les llamaría “civilizados”:

-24 horas antes de entrar en la arena, el animal ha sido sometido a un encierro a oscuras para que al soltarlo, la luz y los gritos de los espectadores lo aterren y trate de huir saltando las barreras, lo que produce la imagen en el publico de que el toro es feroz, pero la condición natural del animal es huir NO atacar.

-Se le ha untado grasa en los ojos para dificultar su visión y en las patas se le puso una sustancia que le produce ardor y le impide mantenerse quieto.

-Los caballos de los picadores son seleccionados entre los que ya no tienen valor comercial, por que el equino suele morir cada 4 corridas, es muy habitual que el animal sufra quebraduras múltiples de costillas o destripamientos aunque ese supuesto peto de protección lo pretenda ocultar al público, suponiendo claro que el sufrimiento de un caballo no está tan considerado.

-Si el torero percibe que el toro embiste con mucha energía, ordena al picador desangrar al toro para debilitarlo, clavándole en el lomo una lanza que destroza músculos (trapecio, romboideo, espinoso y semiespinoso, serratos y transversos de cuello) Lesiona, además, vasos sanguíneos y nervios.

-Las banderillas se intentan colocar en el mismo sitio ya dañado con los ganchos de metal. El gancho se mueve dentro de la herida con cada movimiento del toro y con el roce de la muleta, el peso de las banderillas tiene precisamente esa función.

-Ciertas banderillas tienen un arpón de 8 cm, y se les llama "de castigo", a las cuales es sometido el toro cuando ha logrado evadir la lanza del picador.; palmariamente prolongan el desgarre y ahondamiento de las heridas internas.

-El toro es atravesado con una espada de 80 cm de longitud, que acostumbra a destrozarle el hígado, los pulmones, la pleura, etc, según el lugar por donde penetre en el cuerpo del animal de hecho, cuando destroza la gran arteria, el toro agoniza con enormes vómitos de sangre.

-Si no ha muerto para entonces, lo apuñalan en la nuca con el descabello, otra larga espada que termina en una cuchilla de 10 cm.

-El circo sigue y lo rematan con la puntilla de otros 10 cm. con lo que intentan seccionarle la médula espinal, a la altura de las vértebras atlas y axis.

- Todo termina con el arrastre; después de que le destrozan las vértebras, el toro pierde control sobre su cuerpo desde el cuello hacia abajo, sin embargo hacia arriba se mantiene intacto, por lo que se alega empíricamente que el animal es consciente de todo el horror y de cómo es arrastrado fuera del ruedo.





Lo relatado es básicamente lo que se ha venido tratando en el Parlamento Catalán y de forma más prolija por la actual Comisión creada en relación al particular. Espero que sirva como base para en la posterior entrada revelar algunos aspectos jurídicos sobre la temática deliberadamente ignorados y desde luego también para que si algún lector quiere dejar su opinión, por muy divergente que sea.

Bajo mi criterio el progreso, la paz y la educación deben conjugarse en armonía con el respeto hacia el resto de los animales. El cambio positivo de actitudes hacia ellos como seres no humanos, está íntimamente ligado al respeto global por toda clase de vida y, por extensión, a todo el planeta. NO podemos seguir tolerando lo contrario.